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Los signos de los tiempos

Xenofobia y xenofilia

Según el diccionario, la xenofobia es la aversión hacia los extranjeros. Esa es la actitud con la que los inmigrantes frecuentemente se encuentran al llegar a su nueva patria. La xenofobia no es algo difícil de entender. Tiene su raíz en el desconocimiento del extranjero y el temor de que su llegada pueda cambiar el carácter del lugar en el que vivimos. La expectativa es que ese extranjero se transforme, deje su idioma y sus costumbres, y se convierta en algo parecido a nosotros. Pero la xenofobia invariablemente va acompañada de sentimientos de superioridad cultural y racial hacia el extranjero. Se espera que el contacto con los anfitriones produzca una transformación del fuereño, quien debe abandonar conductas y rasgos considerados inferiores, malos o primitivos, por otros que son superiores, modernos y mejores. En países de inmigración como Estados Unidos, Australia y Francia, se celebra cuando el inmigrante se asimila al ámbito local. Y se reacciona negativamente cuando, testarudamente, el extranjero se niega a dejar sus hábitos o lo hace lentamente. Es entonces que el xenófobo lo acusa al inmigrante de no querer asimilarse y no pertenecer a su nueva patria Como fenómeno social, la xenofobia no es nueva. Los irlandeses, alemanes, italianos y chinos que llegaron a Estados Unidos hace más de cien años se toparon con partidos e instituciones xenófobas a diestra y siniestra. Pero en la actualidad, los inmigrantes también se encuentran con lo opuesto a la xenofobia: la xenofilia. Es decir, el amor o la simpatía por los extranjeros. Al igual que la xenofobia, la xenofilia se manifiesta no sólo en posturas individuales, sino en asociaciones e instituciones que predican la bienvenida y la solidaridad con los inmigrantes. Estas organizaciones van desde las que le ofrecen agua y cuidados médicos a quienes cruzan el desierto, hasta las que abogan por los derechos del inmigrante en los centros del poder político como Sacramento y Washington, D.C. El conjunto de instituciones y organizaciones que reciben al extranjero con los brazos abiertos son importantes en el corto y en el largo plazo; resuelven coyunturas y trabajan para lograr cambios duraderos. La semana pasada, una joven inmigrante y activista dreamer de Arizona vio como una noche las autoridades de migración llegaron a su casa y se llevaron a su mamá y hermano. De inmediato circuló la información por Facebook y Twitter alertando sobre la situación, pidiendo que los simpatizantes firmaran una petición y se manifestaran frente a las oficinas de migración. Los detenidos fueron liberados gracias a la movilización, evitándose así una inminente deportación. Esta misma red de apoyo a los inmigrantes ha jugado un papel clave en la presión que se ejerce sobre el gobierno de Estados Unidos para la aprobación de una reforma migratoria y descarrilar leyes xenófobas. Este año puede ser clave para que se legisle algún tipo de amnistía, pero cualquiera que sea su forma y contenido, será en parte resultado del activismo de aquellos que, de manera organizada, abogan por el trato justo a los inmigrantes. Ruben Hernández León El autor es director de Estudios Mexicanos de la UCLA rubenhl@soc.ucla.edu