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Los signos de los tiempos

Dos ciudades de inmigrantes

Durante estas pasadas vacaciones de fin de año tuve la oportunidad de pasar unos días en la ciudad de Miami, en el sur de la Florida. Miami es la cuarta zona metropolitana más poblada de los Estados Unidos y una de las capitales de la inmigración latinoamericana. Pero a diferencia de Los Ángeles, donde predominan los mexicanos, salvadoreños y guatemaltecos, en Miami destacan los cubanos, nicaragüenses y colombianos. Miami me hizo pensar en Los Ángeles y en las similitudes y diferencias que hay entre los grupos inmigrantes concentrados en estas urbes. Miami es la capital de la migración cubana y Los Ángeles de la mexicana. Claro que estas dos ciudades y sus inmigrantes tienen cosas en común. Por ejemplo, en ambas urbes el español es el idioma de la comunicación cotidiana en muchos de sus barrios y centros de trabajo. Pero desde mi punto de vista, las diferencias se imponen. La inmigración cubana ha contado con el beneplácito del gobierno norteamericano en todo momento. El apoyo a la inmigración cubana se explica por la relación de antagonismo entre los Estados Unidos y el régimen castrista en la isla. Por ese motivo, las autoridades estadounidenses han procurado hacer del flujo cubano una migración exitosa y les han otorgado a estos inmigrantes legalidad, recursos económicos y sostén político. Ha sucedido todo lo contrario con el flujo de mexicanos, quienes fueron reclutados como migrantes laborales en las peores condiciones económicas, políticas y legales. En distintos momentos de su larga migración al norte, los mexicanos y sus descendientes han sido tratados como extranjeros perpetuos, excluidos de las instituciones más importantes de la sociedad norteamericana, segregados y deportados a granel. La selectividad de ambas migraciones ha sido diferente. La primera oleada de inmigrantes cubanos estuvo compuesta por profesionistas, empresarios y buena parte de las clases medias y altas de la sociedad isleña. Después emigraron miembros de las clases populares y trabajadoras de Cuba. La composición de la migración mexicana no ha variado mucho a lo largo del tiempo: han sido campesinos, agricultores, artesanos y trabajadores urbanos los que tomado el camino de la emigración. Dadas las diferencias entre la migración cubana y mexicana, es natural que Miami y Los Ángeles generen realidades y experiencias distintas. Una de ellas tiene que ver con el uso y el estatus del español en estas dos ciudades. En Miami, el español es el idioma del grupo inmigrante más grande, pero también es la lengua del poder político y económico. Como consecuencia, el español es un idioma con prestigio y su uso es común en todos los ámbitos. No es extraño iniciar una interacción pública en español y, si la otra persona no habla el idioma, pasar al inglés. En Los Ángeles el español lucha a contracorriente de los prejuicios y la falta de prestigio porque es la lengua de la clase trabajadora. Aquí, los norteamericanos blancos asumen que quien se expresa en español, no habla inglés. Hablar el idioma de los inmigrantes no es asociado con el éxito económico.
Ruben Hernández León El autor es director de Estudios Mexicanos de la UCLA rubenhl@soc.ucla.edu

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