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Los signos de los tiempos

Músicas migrantes

En un sentido estricto, la migración es un fenómeno de poblaciones en movimiento, ya sea al interior de un país o cruzando sus fronteras. Pero en un sentido amplio, la migración es también movimiento de ideas, gustos y culturas. A dónde van los migrantes, allá van sus tradiciones. En el acercamiento con los anfitriones, cualesquiera que sean las condiciones de ese contacto, se generan novedosas formas de expresión y mezclas que evocan sus distintas raíces. Y cuando los migrantes (o sus descendientes) regresan al lugar de origen, también vuelven con nuevas perspectivas y sentires sobre el mundo.

La música nos proporciona un buen ejemplo para ilustrar estos planteamientos. Si hay algo que los migrantes cargan en sus andares son sus músicas, las cuales rápido trasplantan a su nuevo hogar. Los sonidos y las letras de una canción le recuerdan al migrante su terruño y le ayudan a lidiar con la añoranza. Esa misma nostalgia encuentra su vehículo de expresión en las melodías y poemas que recuerdan lo bonito de la patria que se ha dejado y a la que el migrante espera volver. Sintiéndose extranjero y rodeado por extraños, el migrante busca a sus compatriotas y con ellos “descubre” las músicas tradicionales y populares que poco le llamaban la atención en su país de origen.

Pero la música no sólo es un medio para mirar hacia el pasado. Los migrantes también recurren a la música para expresarse sobre las nuevas circunstancias que se encuentran en el lugar de destino. Hace tiempo leí un análisis sobre el corrido en Texas y el noreste de México. El investigador que hizo el estudio descubrió que los temas de los corridos eran distintos. En Texas, las letras de los corridos tenían que ver con los conflictos entre los terratenientes blancos y los mexicanos que habían sido desposeídos de sus tierras, tema que estaba ausente del otro lado de la línea. Así pues, la música también toma registro de las luchas y los movimientos sociales de los migrantes.

Las músicas que los migrantes importan y reproducen no desparecen con ellos. Lo obvio: el proceso vuelve a ocurrir con cada nueva oleada migratoria. Pero sucede algo más: los migrantes le transmiten a la segunda generación, es decir, a los ya nacidos en el país anfitrión, el gusto por las rancheras, sones, cumbias o género de su preferencia. A su vez, los hijos y nietos de los inmigrantes suelen ser los iniciadores y creadores de ambiciosas fusiones y novedosos estilos, gracias en buena parte a que han crecido expuestos a los sonidos y ritmos de distintos mundos musicales. Algunos incluso peregrinan al país de origen de sus padres para beber directamente del ojo de agua y aprender directamente de grandes maestros de la música.

Es cierto que la música viene viajando fácilmente desde hace rato gracias a fenomenales y sucesivos avances tecnológicos, como los discos, casetes y archivos digitales del internet. Pero vale la pena recordar que más tiempo lleva moviéndose y transformándose gracias a las grandes migraciones humanas.

Ruben Hernández León

El autor es director de Estudios Mexicanos de la UCLA

rubenhl@soc.ucla.edu