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Los signos de los tiempos

Viejas y nuevas dinámicas migratorias

En estos días he estado pensando en lo nuevo, pero también en lo ya visto y conocido, de la migración entre México y Estados Unidos. Estamos ante una nueva era de la migración que, sin embargo, no elimina las viejas y más profundas dinámicas características de este fenómeno demográfico, económico, político y social. A pesar de lo mucho que se ha analizado la migración de retorno, las deportaciones y la tasa de migración neta igual a cero, el flujo migratorio entre los dos países seguirá. La migración es producto de la desigualdad salarial y económica entre México y Estados Unidos. Mientras esta persista, habrá migración. Lo que ya no veremos son los niveles masivos de migración que presenciamos durante las dos décadas pasadas. Eso se lo deberemos al consistente declive de la tasa de fertilidad en la nación azteca. Si la economía mexicana crece consistentemente, se verán menos compatriotas por estos rumbos. La migración ha sido y seguirá siendo tratada por el gobierno de los Estados Unidos como un asunto de política interna. Es decir, como expresión de la soberanía del país receptor. Y si no ha habido un gran acuerdo migratorio entre Estados Unidos y México en el último medio siglo, no tiene por qué haberlo en los siguientes 50 años. Lo que sí ha habido y creo que habrá es una reforma migratoria, insisto, sujeta a los tiempos y lógica de la política interna norteamericana. La legalización migratoria de 1986 fue generosa y desordenada. La que viene reflejará la época de restricción migratoria que vivimos. El camino hacia la regularización será más largo y tortuoso, quizá con un período de protección temporal contra la deportación, pero sin garantía de final feliz. Muchas personas estarán en lo que sociólogos llaman limbo migratorio. Pero también hay novedades interesantes en el horizonte. Una de las que más me llaman la atención es el incremento de la circularidad migratoria. Este es una añeja característica de la migración mexicana, atribuible a la vecindad geográfica. Los migrantes solían circular entre los dos países porque carecían de estatus migratorio. La única forma de protegerse de la deportación era regresando a casa. Esta circularidad migratoria parece regresar bajo nuevas condiciones. Como lo hemos comentado en repetidas ocasiones, ya sea por razones económicas, obligados por el gobierno estadounidense o por motivos familiares, muchos inmigrantes han regresado a México. Estos inmigrantes son padres de niños y niñas de origen mexicano que cuentan con la ciudadanía norteamericana por haber nacido en este país. En la práctica se trata de chicos binacionales que podrán circular entre los dos países y tomar decisiones de dónde les conviene vivir, estudiar y trabajar. Al cumplir la mayoría de edad, podrán patrocinar la migración legal de sus parejas, padres y hermanos menores que no estén casados. La circularidad de esta población será sobre la base de la legalidad y no por el clásico temor de ser agarrado por la migra. El autor es director de Estudios Mexicanos de la UCLA Rubén Hernández León rubenhl@soc.ucla.edu