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No uno, sino varios españoles
May 11, 2012
Hoy, mañana y hasta el domingo tendrá lugar la segunda edición de la Feria del Libro en Español de Los Ángeles, LéaLA. La feria es un esfuerzo de la Universidad de Guadalajara y su filial en nuestra ciudad por recrear algo similar a la muy exitosa Feria Internacional del Libro de Guadalajara, conocida entre los bibliófilos como la FIL. La FIL de Guadalajara, que ocurre cada año hacia fines de noviembre, es un referente para las casas editoriales, las bibliotecas universitarias, los autores, los académicos y el público lector. Pero además de ser una feria del libro, la FIL de Guadalajara es cita para todo tipo de encuentros científicos y culturales. Por último, la FIL es una referencia para los habitantes de la propia perla tapatía. Los habitantes de la metrópoli están enterados de lo que ocurre en la feria por la publicidad, el gran flujo de visitantes y la derrama económica que genera. Yo sólo he estado una vez, en 2009, cuando la ciudad de Los Ángeles fue la invitada de honor del evento. Para los que amamos la lectura, ver aquel paisaje de alteros de libros, uno tras otros, es algo muy cercano al paraíso. ¿Es posible trasplantar la FIL de Guadalajara a Los Ángeles? ¿Qué significa hacer una feria del libro en español en una ciudad que va y viene entre el amor y el odio a los inmigrantes, sus principales hispanoparlantes? El español de Los Ángeles es sobre todo el idioma de la clase trabajadora proveniente de México y Centroamérica y de sus descendientes. Para ser justos, hay que reconocer que esta clase trabajadora no habla un solo español, sino varias versiones de dicha lengua. Muchos de los mexicanos que han emigrado a estas tierras provienen del campo y hablan un español lleno de ar caísmos, es decir, un idioma con palabras que han entrado en desuso en el México urbano. Claro, los citadinos fruncen el ceño cuando escuchan palabras como “ansina”, en vez de así, y “mesmo”, en vez de mismo. Las asocian con la falta de educación y creen que tales palabras son incorrectas. Los incorrectos son ellos. Las palabras son arcaicas, pero no equivocadas. Igual o peor sucede con otra versión del español que se habla en Los Ángeles. Se trata del español mezclado con inglés. El que inevitablemente hablamos los que llevamos años viviendo en este país. Es el español de los hijos y nietos de los inmigrantes; el idioma que entre las élites mexicanas se menosprecia y se califica como “pocho”. Y qué decir del español de los migrantes indígenas, lengua que hablan como segundo idioma o que nunca han hablado. Paradójicamente, al identificarlos como “hispanos”, la sociedad norteamericana les impone el español como lengua materna, cuando nunca lo ha sido. El resto de los hispanoparlantes pensamos en sus lenguas nativas como “dialectos”, porque el nuestro sí que es idioma. Es otra forma en que los mestizos se creen superiores a los indígenas. ¿Estarán representadas todas esas versiones del español en LéaLA?
Rubén Hernández León rubenhl@soc.ucla.edu


