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Ahí está el detalle, Chato…
June 8, 2012
Hace unos días, el periódico New York Times publicó un artículo de dos destacados observadores de la migración mexicana a Estados Unidos, el ex-canciller Jorge Castañeda y el académico de la Universidad de Princeton, Douglas Massey. El artículo tiene varios datos interesantes y una hipótesis sugerente que me gustaría compartir con los lectores de HOY. Según los autores del artículo, el tiempo y las decisiones tomadas por los propios inmigrantes están llevando el flujo migratorio entre México y Estados Unidos a una nueva normalidad en la que tiende a prevalecer la movilidad legal sobre la indocumentada. Un dato al que aluden es el notable aumento de personas que van y vienen con distintas categorías de visas temporales: visas de negocios, de visitantes de intercambio (para técnicos y científicos) y las de trabajadores agrícolas temporales. El número de residentes permanentes también ha crecido de manera espectacular, resultado de la cantidad de mexicanos que han asumido la ciudadanía norteamericana y que por lo tanto pueden patrocinar la inmigración legal de sus familiares cercanos. Algunos de estos residentes permanentes y ciudadanos no viven continuamente en Estados Unidos, sino que se mueven entre los dos países, aprovechando lo mejor de las dos sociedade (mayores salarios al norte y menor costo de vida al sur de la frontera). En conjunto, la vieja circularidad migratoria, quizá en una nueva versión, parece estar resurgiendo. Y por último, la migración indocumentada ya no está creciendo. De hecho, su peso se ha reducido como por centaje de los inmigrantes que viajan de México a EE.UU. en años recientes. Esto no es producto de la casualidad, sino de tendencias económicas y demográficas de largo aliento: menor crecimiento poblacional y estabilidad macroeconómica en México, malas condiciones económicas y políticas hostiles hacia los residentes indocumentados en Estados Unidos, las cuales han generado un reflujo migratorio de retorno a la nación azteca. El único ‘detalle’ en este panorama es el asunto de los millones de mexicanos que permanecen en suelo estadounidense en situación irregular, sin remedio legal y bajo el acoso de las autoridades migratorias. Los mexicanos constituyen el 60 por ciento del total de la población no autorizada que vive en el país. Castañeda y Massey no ofrecen ninguna alternativa para toda esta gente, no porque les falte imaginación, sino porque saben que la cosa no es tan fácil. Ahí su optimismo se topa con la pared. Saben—como sabemos todos—que la única opción práctica y humana para resolver este problema social es un programa amplio de regularización migratoria. Pero también saben que tal opción está a merced de la política interna norteamericana. Y la realidad es que la condición actual de la política está, para decirlo amablemente, del carajo. Demócratas y republicanos, liberales y conservadores, los de izquierda y de derecha están más divididos que nunca. Las divisiones obedecen a perspectivas ideológicas cada vez más polarizadas, con poco afán de considerar la negociación para el bien común. Y como diría Cantinflas, ahí está el detalle, Chato. Rubén Hernández León Director del Centro de Estudios Mexicanos de UCLA rubenhl@soc.ucla.edu


