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Los signos de los tiempos

La migración es un fandango

A los que estudiamos la migración internacional nos gusta decir que este fenómeno social es como un tango. Es decir, un baile de pareja que necesita de dos personas para ejecutarlo: el inmigrante y el empleador; el país de origen de los inmigrantes y el que los recibe. Pero ahora creo que la migración no es como un tango; es como un fandango con muchos más participantes. Lo interesante de los fandangos es que tienen participantes que cumplen distintas funciones, unas más centrales que otras. Por una parte están los músicos que tocan distintos instrumentos y cantan. Uno o varios de ellos llevan la melodía, otros el ritmo y otros más hacen armonías. También están los danzantes , mujeres y hombres que zapatean sobre una tarimaen la percuten distintos patrones rítmicos. Sus zapateados establecen un diálogo con los cantantes y los músicos. En algunos fandangos también hay poetas que improvisan versos o recitan décimas de su autoría. Y no olvidemos al público que anima a los fandangueros o les lanza pullas para que recarguen pilas. De entre el auditorio salen algunos bailadores o algún versador que quiere probar suerte Con la migración sucede algo similar. No es asunto de uno ni de dos participantes, sino de muchos más, todos interconectados a través de múltiples y complejas relaciones. Sus actores principales son los migrantes, sus familias y las redes sociales que les facilitan encontrar casa y trabajo en el destino de su migración. Los migrantes son como los músicos del fandango. Y su movimiento cruzando fronteras es como la música que sale de los instrumentos. Sin ellos no estaríamos abordando este tema. Pero en el fandango migratorio también están metidos los gobiernos de los países de expulsión y los de recepción de migrantes. Los primeros, gustosos de encontrar una válvula de escape a la sobrepoblación, el desempleo y el descontento político. Los segundos, a veces poniendo barreras y cercos para impedir el paso de los migrantes, a veces abriendo puertasy ventanas, sobre todo cuando hay necesidad de mano de obra. Tampoco pueden faltar los intermediarios, que saben cómo brincarse las bardas y meterse por la puerta de atrás, si es necesario. Coyotes, contratistas y otros miembros de la pujante industria de la migración. Aquí la metáfora se acerca a sus límites, porque los fandangos generalmente son gratis y la migración no, aunque no falta un alma solidaria dispuesta a echarle la mano al migrante en su tránsito por el extranjero. No podemos olvidar a los patrones , pequeños y grandes,que emplean y le sacan jugo al trabajo de los migrantes. La población del país receptor es como un público cuyo humor va cambiando a lo largo de la tocada. ¡No se hagan, que bien que les gusta tener quién les toque el son del trabajo duro y cumplidor! Ruben Hernández León El autor es director de Estudios Mexicanos de la UCLA rubenhl@soc.ucla.edu