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Una buena y otra mala
December 22, 2012
Hemos esperado que el nuevo gobierno de México, a cargo del Presidente Enrique Peña Nieto, dé señales de cuál será la política migratoria del sexenio. Y no porque cada nuevo gobernante tenga que , como se dice popularmente, reinventar la rueda, sino porque la política de su antecesor, Felipe Calderón, fue un verdadero desastre. Empecemos por este punto. La política de Calderón tuvo dos facetas. Primero, abandonó a los migrantes en Estados Unidos. Su mandato coincidió con una estrategia de deportación de los migrantes indocumentados sin precedentes, por parte de los gobiernos de Bush y Obama. De eso no tuvo la culpa Calderón. Pero nunca lo que sí hubiera podido hacer y nunca lo hizo, fue articuló una política de retorno. El censo de 2010 en México dio cuenta del regreso (obligado y voluntario, este último por la crisis) de un millón de mexicanos, más los que se acumularon entre 2010 y 2012. Calderón no hizo nada al respecto. Este retorno masivo le hizo a Calderón lo que el viento (a las estatuas de) Juárez: ni lo despeinó. Él siguió empecinado en la guerra contra el narco. El detalle es que la guerra contra el narco tiene que ver con la segunda facetadel gobierno de Calderón en el tema migratorio: la monumental corrupción del Instituto Nacional de Migración (INM), cuyos agentes y jefes regionales se pusieron al servicio de la mafia. Los grupos criminales se percataron de que se podía hacer dinero con los el flujo de migrantes centroamericanos con destino a los Estados Unidos. También se dieron cuenta de que podían reclutar a las redes criminales ya existentes y a la propia migra mexicana. Nunca antes hubo tanta violencia contra ellos como durante el sexenio de Calderón. Esa es la situación que hereda Enrique Peña Nieto quien, aprovechando el día internacional del migrante, el pasado martes 18 de diciembre, hizo dos declaraciones: una buena y otra mala. Prometió depurar y reestructurar el INMInstituto Nacional de Migración. Es un planteamiento moderado, típico de un funcionario público. Hay que refundar esa institución, replantear sus funciones y sus relaciones con las organizaciones defensoras de los derechos de los migrantes. La otra declaración es la mala. Peña Nieto se comprometió a trabajar para que la migración sea una decisión personal y no una necesidad. Esta es una declaración mala por vacía. La migración tiene que ver con las profundas desigualdades que existen entre México y los Estados Unidos. Dichas desigualdades serán más o menos las mismas en 2018, cuando Enrique Peña Nieto termine su sexenio. Pero eso no significa que el gobierno de mexicano tenga que ser un simple convidado de piedra. Se pueden proponer y llevar a la práctica cosas concretas. Unas funcionarán y otras no. Así son las políticas públicas. México necesita una política de retorno, una regulación efectiva de los contratistas que enganchan a los trabajadores temporales H2 y una política de protección de los derechos humanos a los migrantes centroamericanos. ¿Por qué no empezar por ahí? Ruben Hernández León El autor es director de Estudios Mexicanos de la UCLA rubenhl@soc.ucla.edu


