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Los signos de los tiempos

Acabar con el limbo migratorio

Ya empezaron a llover las propuestas de reforma migratoria. Son los primeros rumores de un largo proceso. Zarandeados por los resultados de las elecciones de noviembre, los republicanos han comenzado a lanzar algunas ideas. Y tal como lo anticipamos en esta columna, se trata de propuestas parciales y que solamente llevarían a los supuestos beneficiarios a vivir en un limbo migratorio. Dos senadores republicanos que están por dejar su puesto y no tienen que andar rindiendo rendir cuentas frente a la base por su “bondad” hacia los inmigrantes acaban de hacer una propuesta. Los senadores plantear su versión del Dream Act, pero con la peculiaridad de que es mucho más restrictiva que la variante propuesta por los jóvenes del movimiento de los “dreamers” y sus aliados políticos. En la versión de los republicanos, sólo calificarían para el Dream Act aquellos jóvenes que hubiesen sido traídos por sus padres de forma indocumentada a los Estados Unidos antes de los 14 años. El límite de edad para acogerse a la ley serían los 28 años de edad. Pero lo más increíble de la propuesta republicana es que en vez de facilitar el acceso a la residencia permanente y más tarde a la ciudadanía, obligaría a los jóvenes a pasar por un largo proceso de ambigüedad migratoria. Los jóvenes tendrían que transitar por una serie de visas temporales y restrictivasen cuanto a las actividades que se pudieran llevar a cabo legalmente: primero para ir a la universidad o enlistarse en el ejército, luego otra para trabajar y una más con carácter permanente, pero sin una garantía de acceso a la naturalización. El planteamiento ha sido rechazado por los jóvenes del movimiento “dreamers” y por las organizaciones del movimiento inmigrante en su conjunto. Y con toda razón. Esta propuesta sólo colocaría a un segmento más de la población inmigrante en un limbo migratorio. Si los republicanos quieren empezar a considerar en serio una reforma deben, junto con sus colegas demócratas e independientes, acabar con los estatus migratorios ambiguos que ponen a las personas en una incertidumbre prolongada. Una reforma migratoria completa tendría que incluir la legalización definitiva de los jóvenes que hayan calificado para la Acción Diferidala protección contra la deportación establecida por la administración del Presidente Obama. Y a los que no hayan calificado por cuestiones de edad, también. Asimismo, un buen arranque de la reforma podría ser pasar rápidamente a los inmigrantes centroamericanos y haitianos que han vivido bajo el estatus de protección temporal (TPSpor sus siglas en inglés) durante décadas a la mayor seguridad de la residencia permanente. El limbo migratorio no beneficia a nadie y sí que perjudica a quienes se ven obligados a vivir en él. La protección temporal contra la deportación y contra el retorno a lugares violentos y riesgos nunca debe convertirse en una condición permanente. Y menos ser usado como instrumento político para prolongar la incertidumbre y el estrés de saber si uno se puede quedar y hacer su vida en este país. El autor es director de Estudios Mexicanos de la UCLA Rubén Hernández León rubenhl@soc.ucla.edu