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Al Día con Inmigración

Esperanza migratoria para el Año Nuevo

Mi plegaria navideña y de Año Nuevo incluye un deseo de paz y unidad para todas las familias inmigrantes. Cabe recordar que aunque este año nos trajo el beneficio del programa de DACA (Acción Diferida) para los jóvenes “dreamers”, así como la buenaventura del perdón provisional para esposos de ciudadanos, nuestra comunidad continúa viviendo tiempos muy difíciles. En este mismo año, miles de hogares no sólo de inmigrantes, sino también de ciudadanos, fueron destruidos por causa de la deportación de un ser querido. Esto ocurre pues Estados Unidos, el país del “sueño americano”, aún mantiene un sistema inmigratorio impráctico e injusto. Yo misma, como abogada de inmigración, tuve altas y bajas en el 2012. Pasé por pruebas emocionalmente duras mientras luchaba en contra de la corriente. En varias ocasiones, con un gran dolor en el alma, presencié resultados realmente abominables. Pero afortunadamente, en estos meses, y por medio de un voto histórico, logramos demostrar la fuerza de los latinos. Nos hemos establecido como un pueblo fuerte y disciplinado. Demostramos que tomamos decisiones informados, que estamos dispuestos a luchar públicamente por nuestros intereses y que no planeamos doblegarnos ante la adversidad. Por tal, en el próximo año estaremos listos para exigir leyes más realistas y principalmente más humanas. Mi plegaria contempla una reforma migratoria que destruya los obstáculos que enfrentan miles de ciudadanos al pedir a sus cónyuges, hijos o padres extranjeros. En estos casos, el tiempo de espera debe disminuir, y no debería imponerse un retorno inoportuno y absurdo a consulados congestionados e ineficientes. Anhelo un sistema migratorio en el que aquellos que huyeron de su país por causa de las secuelas de una guerra civil, o por la falta de oportunidades en sus países de origen, puedan afianzar su futuro al lado de sus hijos que son ya ciudadanos. Sueño con un sistema que no sólo brinde un TPS indefinido a los originarios de países víctimas de desastres naturales, sino que también les ofrezca una estadía permanente y la esperanza de una eventual ciudadanía. Nuestras leyes deberían invitar a los hombres de negocios a invertir en nuestra economía. Debería acoger a los genios modernos. Debería facilitar mejores oportunidades para científicos y profesores. Nuestro país debería absorber los beneficios de una fuerza laboral dedicada y usarla como combustible para su engrandecimiento. Idealmente, nuestro sistema debería tener la opción de revisiones que garanticen su acoplamiento a los cambios socioeconómicos y tecnológicos del mundo moderno. Porque es muy importante mirar hacia adelante para no encontrarse atrás. Mi esperanza es que en el año 2013 el senado y la cámara de los representantes escuchen nuestra voz y consideren seriamente nuestros pedidos. Es mi ilusión que estos políticos no procedan arbitrariamente y más bien tomen decisiones educadas, comprendiendo el impacto monumental que sus acciones tendrá en tantas vidas. Así como la mayoría de los inmigrantes han buscado ser socialmente aceptados y han hecho un esfuerzo honesto de integración a la cultura norteamericana, es hora de que a cambio se les extienda una mano amiga. Una reforma inmigratoria servirá como una muestra de agradecimiento y respeto a una comunidad que desde un principio se ha dedicado a trabajar arduamente fortaleciendo así el desarrollo del país y haciendo valer el sueño americano. La autora es abogada experta en inmigración.