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Lleva a México encima


Su participación en ‘Cinco de Mayo’ y su vestimenta denotan el amor que Angélica Aragón tiene por su país

Andrea Carrion | 5/3/2013, 5:51 p.m.
Lleva a México encima
Angélica Aragón. | Andrea Carrion

Rara vez un artista recibe al periodista en la puerta de la habitación en la que se realizará la entrevista. Agélica Aragón es esa agradable excepción.

Con una interminable sonrisa, ofrece algo de tomar, pregunta dónde preferimos tomar asiento y no tiene ningún problema con que le hablen de “tú” pese a sus 59 años de edad.

Ayer se estrenó el más reciente trabajo de esta talentosa y legendaria actriz mexicana, conocida por sus más de 40 años de carrera artística en películas y telenovelas. En este caso se trata de “Cinco de Mayo, la batalla”, una megaproducción mexicana dirigida por Rafa Lara y en la que Aragón interpreta a doña Soledad, una viuda que funge como enfermera en plena Batalla de Puebla.

Basta escuchar a Aragón para notar el orgullo que siente al haber participado en una cinta que refresca un pasaje glorioso de la historia mexicana. De hecho, esta artista dedica parte de su vida a promover la buena imagen de su país. Basta con ver su vestimenta.

Hace más de 30 años que llevas la cultura y la identidad mexicana encima, literalmente. ¿Por qué?

“Primero porque me nace; veo un vestido Channel frente a un traje como el que llevo puesto y elijo este”, dice señalándose. “Siento que tiene que ver con mi papá [José Ángel Espinoza], un hombre de 94 años, compositor de canciones populares y actor en más de cien películas. Antenoche ingresó al Latin Song Writer’s Hall of Fame en Miami. Él es un enamorado de su país, nos ha heredado ese amor incondicional sin ser un desubicado. Por ejemplo, una vez hubo una campaña de cerveza mexicana que decía ‘La mejor cerveza del mundo’, y mi papá, ‘¿Qué, no han probado la alemana, la holandesa, las de Boston?’. México es un gran país, tiene un gran futuro, una tierra pródiga. Me acuerdo de estar en Inglaterra siete años estudiando, vivía allá casada y con residencia, tendría unos 27 años. Un día fui a un concierto de Ry Cooder con el Flaco Jiménez, un acordeonista tejano; cantaron ‘Volver, volver, volver’. Yo me dije, ‘¿Qué estoy haciendo aquí?’, y tres semanas después había dejado marido y todo. Me regresé a México; el llamado fue muy grande”.

¿Fue tu primer marido?

“Y el único [risas]. Sigue siéndolo, pero aún está en Inglaterra, lo tengo de reserva [más risas].

¿Y cuándo es que te fuiste a la India?

Estando allá. Es que él es indio. Viviendo en Inglaterra viajamos a la India a visitar a su familia y nos quedamos un año allá. Ahí entré en contacto con el arte de la danza oriental y la danza clásica del sur de la India; el kathakali en particular. Estudié mucho y después, ya en Londres, estudié sánscrito [lengua clásica de la India], bengalí, historia y filosofía.

Eso influenció mucho en tu forma de ver la vida, ¿verdad?

Totalmente.

Leí que una vez te preguntaron, “¿De qué religión eres?”, y respondiste, “De la religión del amor”.

Pertenezco a grupos budistas, pero a la misma vez mis altares en mi casa son induístas. Son grupos budistas japoneses laicos que están unos peleados con otros, pero yo no. Entonces puedo pertenecer a todos porque finalmente somos lo mismo.