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Una estudiante con talento y una maestra con mucho corazón


Traída a Estados Unidos cuando era bebé, Itzel Ortega no tenía forma de obtener ayuda financiera para convertirse en arquitecta

Los Angeles Times | 5/2/2013, 6:27 p.m.
Una  estudiante con talento y una maestra con mucho corazón
Identificaciones de primaria y del colegio que Itzel Ortega ha utilizado en California. Usó estos documentos para solicitar el apoyo de DACA, programa que brinda a los jóvenes la oportunidad de obtener permiso de trabajo. | Los Angeles Times

Itzel Ortega debería haber explotado en alegría con la buena noticia. Sin embargo, sus ojos se llenaron de lágrimas mientras se lo confiaba a su exmaestra de inglés.

Acababa de ser admitida en el programa de arquitectura de Cal Poly Pomona, pero no era elegible para recibir ayuda financiera. Ella cruzó la frontera en brazos de su madre de forma ilegal cuando tenía seis meses de nacida.

Parecía que había una sola manera de conseguir el dinero necesario: su padre buscaría un segundo trabajo. Para esto fue que vino a Estados Unidos, para proporcionarle un mejor futuro a sus hijos. Trabajaba todo el día de pie como ayudante de camarero, cortando vegetales, limpiando las mesas y lavando los platos. Ahora, él debía trabajar aún más.

Mientras Ortega hablaba, Leticia Arreola pensaba en su propio padre, también un mexicano inmigrante, empleado de un restaurante. Recordó los pasos de su padre por la noche después de una larga jornada de trabajo, rápidos en sus años de juventud, más lentos a medida que pasaban los años.

Arreola veía el potencial en todos sus estudiantes de la escuela primaria Potrero de El Monte, pero Ortega sobre todo, parecía destinada al éxito. Era creativa y laboriosa, pendiente de cada materia. Las dos se habían mantenido en contacto desde que Ortega era una alumna estrella en la clase de octavo grado de Arreola.

Ortega había ido al salón de su antigua maestra para desahogarse, no para pedir ayuda. Pero en los días que siguieron, Arreola no pudo dejar de pensar en el padre de Ortega y los turnos extras. En su historia, ella escuchaba los pasos de su propio padre.

Fidel Arreola había venido de México ilegalmente a la edad de 17 años, trabajaba como cocinero en Velvet Turtle antes de abrir su propio restaurante, Ely’s, en Monrovia. Con el tiempo consiguió sus documentos legales. Leticia y su hermano nacieron aquí.

Su padre trabajó 16 horas al día, siete días a la semana durante 10 años sin vacaciones, ahorrando para la educación universitaria de sus hijos. Durante sus años en la Universidad de Santa Bárbara y UCLA, los hermanos nunca tuvieron que preocuparse por el dinero.

Arreola era soltera sin hijos y sin hipoteca. Vivía con sus padres. El salario de maestra era modesto, pero tenía pocos gastos. Su fe cristiana le indicaba dar sin esperar nada a cambio. Si iba a ayudar, iría hasta el final.

Tomó el teléfono y le envió un mensaje: “No voy a dejar que no vayas a la universidad”.

Compromiso

En un primer momento, Ortega no podía creerlo. Arreola había decidido costearle la carrera —unos 7 mil dólares anuales por cinco años. Ella le daría a su exalumna el mismo regalo que recibió de su propio padre.

“Mis padres llegaron aquí y estuvieron un tiempo como indocumentados”, dijo Arreola, de 40 años. “Yo sé lo que es trabajar en la cocina y pienso en él con otro trabajo…”.

El padre de Ortega dice que ella debe pagar la deuda, no con dinero, sino comportándose como una hija para Arreola.