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Padres informados, hijos universitarios

Parent College ofrece a los padres una probadita de la vida universitaria

Los Angeles Times | 5/2/2013, 6:27 p.m.
Padres informados, hijos universitarios
Ana Rodríguez, de sudadera azul, y Nancy Hernández, de sudadera gris, dan un tour a los padres en UC Irvine. | Los Angeles Times

De no ser por esos tacones bajos, Martínez tal vez no hubiera llamado la atención entre miles de otros padres que visitaron las universidades en California esta primavera. Pero a diferencia de la mayoría de ellos, Martínez nunca había visto antes la inmensidad de una institución universitaria, y ahora se esforzaba por seguir adelante con zapatos poco adecuados para caminar.

Martínez, una trabajadora de la costura, podría haber estado aún más desprevenida si no fuera por el programa Parent College (Universidad para Padres), un esfuerzo de educación a cargo de la Alianza para las Escuelas de Los Ángeles (Partnership for Los Angeles Schools) dirigido a los padres de bajos ingresos e inmigrantes que no saben cómo ayudar a sus hijos para ir a la universidad.

“Hay un mito de que los padres no se preocupan por la educación de sus hijos, pero vemos que eso no es cierto”, dijo Saskia Pallais, directora de participación familiar y comunitaria para el grupo sin fines de lucro.

Quince de las universidades de Los Ángeles son administradas por la Alianza, un grupo sin fines de lucro fundado por el alcalde Antonio Villarai-gosa.

El programa se imparte los sábados y consiste de talleres que enseñan conocimientos prácticos tales como la forma de leer un boletín de calificaciones y cómo es la vida en una universidad. Este año, 800 padres y estudiantes participaron en el recorrido del programa, el número más grande desde sus inicios.

Martínez es uno de los padres a los que el programa busca ayudar. Ella fue una de 14 hijos criados en un pequeño rancho en las afueras de Irapuato, estado de Guanajuato, México; no tuvo una educación formal cuando era niña, y tenía 15 años cuando aprendió a leer por su cuenta.

“De vez en cuando mi padre nos matriculaba en la escuela, pero no teníamos dinero para cuadernos o incluso un lápiz”, dijo Martínez, quien para no pasar vergüenza, prefería abandonar la escuela.

La educación no era una prioridad para la familia. En cambio, el padre esperaba que ella y sus hermanas “hicieran el trabajo de las mujeres”, agregó —cocinar y limpiar, y después más de lo mismo con sus esposos e hijos.

Con el tiempo, toda la familia, incluyendo los padres de Martínez y sus hermanos menores, se mudaron a Los Ángeles.

Aquí, sus ideas acerca de la escuela comenzaron a cambiar. Los hermanos más chicos de Martínez asistieron a clases con regularidad, mientras que ella, ya casada, quería que sus hijos tuvieran “lo que no tuve, y algo más”, agregó.

Pero sus planes eran vagos. De sus cinco hijos, sólo tres habían nacido en los Estados Unidos. Los dos mayores nunca consideraron la universidad y comenzaron a trabajar después de terminar la escuela preparatoria.

Durante varios años, Martínez y su esposo, Luciano Fernández, trabajaron para American Apparel. Martínez comenta que antes de que fueran despedidos en 2009 —después de una investigación federal que obligó a la compañía a despedir a más de mil empleados no autorizados para trabajar en los EE.UU.— tomó cursos de capacitación que la empresa ofrecía. Esto le ayudó a formar una mejor idea de la educación que ella quería para sus hijos.