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Vicente Fernández: sin sabor a retiro


El ídolo mexicano deslumbró en un Staples que ocupaba por primera vez

Sergio Burstein | 3/25/2013, 2:06 p.m.
Vicente Fernández: sin sabor a retiro
El afamado cantante provocó gritos constantes en la audiencia, siempre entregada. | Arturo García/DDPixels

El concierto de ayer no fue el último que ofrecerá en Los Angeles, porque si bien ésta es su “Gira del Adiós”, Vicente Fernández tiene todavía tres fechas el próximo mes en el Anfiteatro Gibson, su recinto favorito en esta parte del mundo.

En realidad, por lo que dijeron tanto el cantante como el director de su mariachi durante la presentación, quedó flotando la sensación de que piensan regresar incluso después de los conciertos en el Gibson, lo que le daría la razón a los escépticos que no creyeron en primer lugar en el cuento de la despedida.

Lo bueno de todo esto es que, con cuentos o sin ellos, lo que hizo “Chente” en el Staples fue histórico. Como era su debut en este vasto auditorio, como se supone que no le queda mucho tiempo sobre los escenarios y como tuvo hace poco un nada grato coqueteo con el cáncer, la asistencia fue no sólo masiva, sino que mostró un nivel de entusiasmo que, sinceramente, brilla por su ausencia cuando los artistas que se presentan son anglosajones.

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Arturo García/DDPixels

Este fue el debut de "Chente" en el inmenso escenario angelino.

Pero, fuera de cualquier circunstancia atípica que haya colaborado con el éxito del show, es obvio que este señor merece todos los aplausos y todas las aclamaciones que se le puedan prodigar. No podemos saber realmente si piensa abandonar del todo las presentaciones y dedicarse sólo a grabar, como lo ha dicho; pero lo que sí sabemos es que, de cumplir la promesa, lo hará dejando en la mente de sus seguidores la imagen de un artista que se encontraba en la cúspide de su carrera, en un estado físico y vocal absolutamente impresionante para sus 72 años de edad, aunque siga bebiendo y fumando.

En este caso, los productores del espectáculo no escatimaron en costos ni en originalidad, porque en lugar de poner a “Chente” en el estrado de rigor (ubicado al fondo del Staples), elaboraron una plataforma circular al medio del recinto. Mientras que el mariachi estaba sentado alrededor de éste -de manera semejante a lo que ocurre con las orquestas en ciertos montajes-, “El Charro de Huentitán” se encontró siempre al centro, parado e imbatible, con su eterno traje de charro, como amo y señor de una faena que, a diferencia de otras, no alcanzó las tres horas de duración, pero que no dejó a nadie insatisfecho.

Las virtudes vocales del protagonista de la noche se hicieron evidentes por un simple hecho de contraste cuando pisó el tabladillo, luego de un breve set de su hijo Vicente Jr. Si el Fernández más joven hizo lo suyo con emoción pero con una voz bastante destemplada, el padre demostró de inmediato que su propia garganta es no sólo poderosa, sino que está perfectamente domada.

Por esencia, la entonación de la ranchera es teatral e impostada; pero “Chente” ha logrado de algún modo que no se sienta excesiva, sino completamente adecuada para las letras a veces melodramáticas y siempre cargadas de pasión que interpreta.

Es probable que muchos esperaran contar con una aparición sorpresiva de Alejandro Fernández, el otro hijo del patriarca que -esto no es un secreto para nadie- es el único que ha logrado realmente destacar en su prole. Pero como esto no se dio, lo que dejó todo el tiempo al astro mayor enfrentado al respetable con sus propios recursos.