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Bibliotecas de juguetes: Alivio para padres, sonrisas para niños


En la ciudad de Los Ángeles hay cerca de 50 lugares donde prestan los juguetes

Selene Rivera | 6/19/2013, 7:23 p.m.
Bibliotecas de juguetes: Alivio para padres, sonrisas para niños
Sherlin Mendoza, de 3 años, y su mamá, Erika Román, buscan el juguete que se llevarán esta semana. | Selene Rivera

Hace tres semanas, para María Camacho era casi un lujo comprarle juguetes a sus dos hijas de uno y cuatro años de edad, ya que prefería utilizar ese dinero en pagar su renta y saldar otros gastos del hogar.

Hoy en día, Camacho sigue teniendo los mismos gastos, pero a sus niñas ya no les faltan los juguetes con qué divertirse. De hecho, semanalmente pueden tener uno diferente si lo desean.

El secreto de Camacho es asistir a uno de los 50 centros de préstamo de juguetes del Departamento de Servicios Sociales Públicos del Condado de Los Ángeles, y dejar que sus hijas escojan.

“Estos centros funcionan igual que cualquier biblioteca. Los padres registran a sus hijos para que obtengan una identificación y este puede escoger un libro, llevárselo para su casa por toda una semana y luego regresarlo y obtener el mismo u otro libro sin costo alguno… con la diferencia de que nosotros proveemos juguetes”, dice María Zapién-Carmona, coordinadora del programa de préstamos.

“Los juguetes son la felicidad de todo niño, pero son un golpe al bolsillo para toda familia de bajos recursos debido a esta crisis económica y la falta de empleo. Así que los centros son una opción para estos padres y el sueño de todo pequeño”, agrega Zapién-Carmona.

Mejor aún: para registrar a los niños, los padres de familia no tienen que demostrar su estado migratorio en el país o prueba de salario, sino simplemente proveer su nombre y dirección.

El programa del condado no regala los juguetes porque su misión es enseñarle a los menores a desarrollar los sentidos de la responsabilidad, honestidad, puntualidad, limpieza, paciencia, cortesía y cooperación.

Así que cuando los niños llegan a los centros más cercanos a sus hogares, se les explica un código de honor que les recuerda que pueden tomar un juguete gratuitamente siempre y cuando se responsabilicen de cuidarlo, lo regresen limpio y en su fecha, sean honestos si lo quiebran, nunca peleen por un juguete, lo compartan y sean pacientes si alguien más juega con él.

“Lo bueno es que los padres no tienen que pagar una multa si regresan el juguete tarde o roto; el menor solamente debe de presentar el juguete”, comenta Zapién-Carmona.

Para incentivar a los menores a ser responsables, estos son premiados con un juguete completamente nuevo después de cinco, 10, 15 y 20 semanas de regresar a tiempo y en buen estado los juguetes que pidieron prestados.

Entre más semanas demuestran su responsabilidad, el juguete obtenido puede aumentar o tener más valor.

Historia agridulce

El programa de ayuda tiene antecedentes históricos tristes; no obstante, hoy miles de menores aprovechan los servicios de estos centros en el condado.

Un verano de 1934, durante la Gran Depresión, el gerente de una tienda en el suroeste de Los Ángeles se percató de que dos pequeños se estaban robando unos juguetes y unos palillos de madera para hacer manualidades. Los menores fueron detenidos y entregados a la correccional. La investigación arrojó que los pequeños no tenían historial criminal, pero eran muy pobres.