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Hispana de Anaheim exige respeto para su vecindario

Los Angeles Times | 1/25/2013, 5:33 p.m.
Hispana de Anaheim exige respeto para su vecindario
Yesenia Rojas (al centro) lidera una vigilia en la calle Anna Dr. en Anaheim en noviembre de 2012, donde el verano pasado la policía dio muerte a Manuel Ángel Díaz, de 25 años, desatando la furia de la comunidad latina que protestó por varios días. | Los Angeles Times

Se asoma por encima de la multitud que se ha reunido una vez más afuera de su apartamento y suspira. “Sinceramente, estoy muy cansada”.

Invertir tanto de sí misma en el futuro le ha pasado factura. Ella tiene mucho por hacer, y sin embargo, sus otras responsabilidades no han menguado.

Limpia un edificio de oficinas en La Palma y cuida a una anciana. Sus hijos exigen mucho de su tiempo. Su esposo, un obrero de la construcción, ha luchado por encontrar algo más de dos o tres días de trabajo por semana.

Sus días se han convertido en maratones. Se levanta antes del amanecer para un día de trabajo agotador, seguido por eventos que duran hasta la medianoche.

“Siempre ha habido una gran cantidad de responsabilidades”, dice. “Pero ahora hay una presión más constante”.

El grupo había venido a rezar, a cantar y compartir una comida, como lo habían hecho todos los días durante semanas. Rojas organizó 40 días de rezo del rosario en varias casas del vecindario en veneración de la Santa Madre, cerca del aniversario de la aparición en México hace siglos.

“Ella es una fuerza sanadora a su manera”, dice el ex asambleísta José Solorio, quien hasta hace poco representaba a la zona y conoce a Rojas desde hace años. Los dos fueron presentados a través de su participación en una unión de conserjes, y ella lo invitó al evento.

“Es una mujer muy carismática, con mucho dinamismo”, agrega Solorio. “Lo que también la moviliza es su compromiso con la familia y con la comunidad”.

La reunión, en muchos sentidos, es un símbolo jubiloso de progreso. “Puedo sentir un cambio”, dice Rojas. “Todo el mundo está más unido”.

Los votantes, las manifestaciones y la acción política pueden conducir al cambio, pero la solución para perdurar puede requerir la intervención divina.

“Le pido ayuda a la Virgen”, dice. “Le pido que me fortalezca, para ayudarme a seguir adelante con mis hijos y mi familia”.

Rojas no duda en el poder sanador de la Virgen Madre: en uno de los rosarios, pudo ver a dos hermanas que habían estado por largo tiempo enemistadas.

Pero esa noche, se sentaron juntas y hablaron por primera vez en meses; la desaveniencia estaba arreglada. Ella ora porque, con alguna orientación de arriba, puede hacer lo mismo por su ciudad.

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