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Guatemalteca combate el abuso contra inmigrantes


silvia argueta, es directora ejecutiva de la Fundación de Ayuda Legal de Los Ángeles (LAFLA)

EFE | 1/12/2013, 6 a.m.
Guatemalteca combate el abuso contra inmigrantes
La abogada guatemalteca Silvia Argueta durante una entrevista en la sede principal de la Fundación de Ayuda Legal de Los Ángeles, California. | EFE

Silvia Argueta llegó a EE.UU. desde Guatemala con su familia a los seis años y aquí sufrió la pobreza y la discriminación, lo que la llevó a desarrollar un profundo deseo de justicia para los más desprotegidos que ahora tiene la oportunidad de satisfacer.

“No sabía ni una palabra de inglés. Me llevaban a una clase para niños con retardo mental, porque como no había clases bilingües, nos ponían allí a los que no hablábamos inglés y básicamente aprendíamos una palabra: ‘Apple’ [manzana]”, recuerda.

Cuando sus padres se enteraron de esta práctica de la escuela, hablaron con sus responsables y una profesora les recomendó que la animaran a que en casa leyera el periódico en inglés.

“Mi papá manejaba un poco de inglés. Yo leía y él me hacía preguntas y eso me ayudó bastante a aprender el idioma”, relata.

Los padres decidieron mudarse a Glendale para tratar de garantizar un mayor nivel educativo para su hija.

“De Los Ángeles, donde en ese tiempo había un grupo muy pequeño de latinos y muchos afroamericanos, cambié a una escuela donde todos eran blancos y algunos armenios”, recuerda.

Su gusto por el estudio y el apoyo de algunos maestros la ayudaron a adaptarse a su nuevo entorno y terminar su preparatoria, para luego acceder a la Universidad de California en Los Ángeles gracias al programa de Acción Afirmativa, que da un trato preferencial a las minorías.

“Allí [en UCLA] fue un shock encontrar una universidad con 30,000 personas diariamente, en su mayoría gente blanca”.

“Eso sí fue difícil, porque había estudiantes que rechazaban que nos admitieran en razón de la diversidad y tuve que enfrentar que otros estudiantes cuestionaran por qué yo estaba caminando en la misma universidad que ellos”, explica.

Argueta tuvo la oportunidad de trabajar en la universidad como parte de un panel de estudiantes que ayudaba a seleccionar nuevos alumnos y allí se dio cuenta de qué criterios se utilizaban para dirimir quién entraba a la universidad y quién no.

“También se prefería si el papá o la mamá se habían graduado de la universidad, si un tío era empleado o si el aspirante era un atleta sobresaliente. Esas preferencias nunca se daban a conocer, pero existen”, afirma la abogada.

Su intención inicial era graduarse en relaciones internacionales y trabajar con la ONU, aunque cambió de opinión durante un internado en Washington junto a algunos abogados y decidió apostar por las leyes.

“Siempre he querido ayudar a otra gente. Vi luchar a mis padres por cosas sencillas como traducciones de documentos, para rentar un apartamento o por problemas en el trabajo. Yo veía esas luchas y pensaba que debería haber gente para ayudar a otras personas como ellos”, explica.

En su primer año de estudios, tomó el caso de un indigente a quien le habían retirado las prestaciones sociales y logró que las recuperara a través de una acción administrativa.

“Fue un momento decisivo en mi vida”, asegura. “Me dije: ‘Esto lo que yo voy hacer en la vida y para esto entré a la escuela [de leyes], para ayudar a cambiar la vida de otras personas’”.

Después de graduarse ha trabajado en diversas organizaciones comunitarias, entre ellas la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) y el Fondo México Americano de Defensa Legal y Educación (MALDEF).

Desde hace trece años ejerce para la Fundación de Ayuda Legal de Los Ángeles (LAFLA) y ahora es su directora ejecutiva. “Lo que nos hace diferentes a otras organizaciones es que somos como la sala de emergencia legal de la comunidad”, cuenta ella.

Los 57 abogados bajo su responsabilidad y su presupuesto anual de 14 millones de dólares están destinados a la “ayuda de los más necesitados, especialmente los inmigrantes”, atendiendo a casi 70,000 personas en el año.

Esta abogada recomienda a otras mujeres que se eduquen y se preparen para que, según le recomendó su padre, “no dependan de nadie y mucho menos de un hombre”.