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El Mascarero: Artesano de sueños

Más que elaborar pintorescas máscaras y trajes de luchadores, este inmigrante mexicano es un artista de la costura

Soudi Jiménez | 2/28/2013, 6 a.m.
El Mascarero: Artesano de sueños
Manuel Quiroz muestra su destreza en la maquina de coser, herramienta indispensable en su trabajo. | Soudi Jiménez

Mascarita Dorada y Octagoncito son algunos de los clientes de Juan Manuel Quiroz; a estas y otras figuras mexicanas de la lucha libre de renombre internacional les ha confeccionado los trajes y máscaras que lucen en el cuadrilátero.

Quiroz comenzó de aprendiz de sastrería en 1974 en su natal Aguascalientes, México, inspirado en su abuelo paterno, un hombre experto en la elaboración de piezas de cuero para monturas y dedales para los charros, entre otros objetos.

“Lo veía hacer esas cosas y me influyó; en verdad la gente en el rancho era muy creativa”, asegura, manifestando que al año siguiente elaboró su primera máscara, cuando decidió incursionar en la lucha libre.

“Mi maestro de sastrería era luchador, por eso me vino la facilidad para hacerlas; también puedo hacer trajes de charro, de novia y chaparreras, lo que usan los charros para montar”, explica.

Entre 1982 y 1986 compitió de manera profesional en la lucha libre; sin embargo, al lastimarse la espalda en una pelea, le prohibieron luchar y decidió abrir su propia sastrería. En 1992 llegó a Los Ángeles, en busca de realizar sus sueños.

Desde entonces, ha trabajado en cerca de 40 fábricas, porque se iba donde le pagaban mejor, según él. Su último empleo fue como asistente de una diseñadora; allí elaboraba muestras de blusas, pantalones y chamarras de mujer.

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Quiroz muestra algunas de las máscaras que confecciona para los luchadores.

“A mi hijo se le ocurre que quería ser luchador y me pide que le haga sus máscaras”, recuerda Quiroz sobre el reencuentro con ese deporte en el 2004; explica que cortaba las piezas en su casa y durante el receso en su trabajo se dedicaba a coserlas.

En 2007 lo despidieron de su empleo y se vio obligado a montar su propio taller. Lo estableció en una pequeña bodega en la parte trasera de su vivienda, y poco a poco fue comprando las máquinas, hasta completar cerca de 10 que tiene en la actualidad.

“Lo que más me gusta hacer es la ropa y accesorios para el luchador; cuando digo que es todo lo que ellos necesitan, es todo”, enfatiza Quiroz, que además de las máscaras elabora muñequeras, cinturones, rodilleras, botas y otros implementos.

Este costurero confecciona cerca de 100 trajes completos al año, es decir que hace dos por semana. El costo por cada uno se acerca a los 300 dólares; una máscara sola tiene un valor promedio de 150 dólares.

“Los primeros clientes que confiaron en mí fueron luchadores locales como Asesino Géminis, Ciclón Moreliano, Kaymira y Conde Maldito, entre otros; ellos no sabían lo que iba a pasar con mi trabajo, pero me recomendaron”, recuerda con gratitud.

Todo el trabajo de Quiroz es de acuerdo al pedido de los clientes; algunos lo hacen por teléfono y otros personalmente le llevan dibujos o bocetos con muchas rayas, que él tiene que interpretar y convertir en realidad.

“Si el cliente te dice que no le gusta, hay que hacer otra nueva, porque ya te la pagaron”, sostiene, detallando que tiene cerca de 300 máscaras. Algunas fueron devueltas y otras quedaron con algún desperfecto luego de ser terminadas.

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