Quantcast
Hoy Los Angeles}
11:13 p.m., 8/29/2014 | 68°

Un reconocimiento esperado largamente


Militar latino recibe funeral con honores luego de casi siete décadas de muerto

Agustín Durán | 2/16/2013, 6 a.m.
Un reconocimiento esperado largamente
Marleen Aparicio y Mary Jiménez muestran la carta que recibieron del Presidente. | Agustín Durán

Sesenta y ocho años después de su muerte durante la Segunda Guerra Mundial, un latino recibió esta semana un largamente esperado funeral militar con todos los honores, haciendo realidad el pedido de su familia.

El 11 de febrero de 1945, en el apogeo del conflicto mundial, el soldado raso Lewis V. Álvarez perdió la vida a bordo de un bote del ejército estadounidense en el Pacífico Sur que fue atacado por un submarino enemigo. Sus restos nunca fueron recobrados y por ende entró en la categoría de “Perdidos en acción”.

Esa designación impidió que fuera enterrado con honores militares, como sucede con otros miembros de las fuerzas militares que mueren en acción, algo muy doloroso para su familia de origen mexicano.

“Mi madre lloraba, siempre esperando que él regresara y nunca ocurrió”, dice Mary Jiménez, de 81 años, hermana menor de Álvarez, que nació en el Valle de San Fernando.

Su madre, quien hablaba muy poco inglés, escribió varias cartas al ejército pidiendo un funeral militar para su hijo y esto nunca le fue concedido.

Jiménez continuó esa lucha infructuosamente luego de la muerte de su madre hace varios años. Luego, durante un convivio en la Legión de Veteranos Extranjeros de Guerra, se lo comentó a Marleen Ramírez Aparicio, quien se interesó por la historia y decidió ayudar a Jiménez.

Ramírez empezó a escribir al ejército y a cuanto político conocía, pidiendo ayuda con el caso, sin recibir respuesta.

photo

Cortesía

Lewis Álvarez aparece en una foto tomada cuando entró al ejército.

Al final, decidió escribir a un político más: el presidente Barack Obama. La Casa Blanca sí respondió y le informó que, de acuerdo con el programa gubernamental de honrar la memoria de los caídos en batalla cuyos restos no son recobrados o identificados, el nombre de Álvarez estaba inscrito en el Cementerio y Monumento Conmemorativo Estadounidense en Manila, Filipinas.

“Pensé: ‘Si hay un monumento allá, ¿por qué no tener uno cerca?’”, dice Ramírez Aparicio, a quien la misma Casa Blanca refirió con los mandos militares encargados de servicios fúnebres, quienes finalmente accedieron a tener un sepelio con todos los honores para Álvarez.

El pasado lunes 11 de febrero, en el aniversario de su muerte, Álvarez tuvo su entierro en el Cementerio Nacional Riverside, Stage Area-6, donde se colocó una placa con su nombre, una trompeta interpretó el “toque de silencio” y Jiménez llevó una bandera estadounidense que le fue entregada para Álvarez, así como la carta del presidente Obama y la medalla de Corazón Púrpura que le fue otorgada póstumamente a su hermano.

“He estado tratando de tener esto por tanto tiempo. Al menos ahora tendremos un lugar donde llevarle flores”, dice Jiménez, feliz por haber logrado el cometido que inició su madre hace tantas décadas, pero triste a la vez.

“Ojalá y mi madre estuviera aquí”, expresa.

Por su parte, Ramírez Aparicio se siente satisfecha de que su ayuda surtió efecto.

“Nuestra misión terminó”, dice.

fcastro@hoyllc.com