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Un compromiso de por vida

Para los Rodríguez, el amor no es una moda

Selene Rivera | 2/14/2013, 6 a.m.
Un compromiso de por vida
El cariño y la pasión siguen estando presentes en la relación de Carlos y Angelina Rodríguez. | Selene Rivera

Desde el primer instante en que Carlos vio a Angelina, su corazón se quedó prendado de la mujer de sonrisa tímida y ojos grandes e inocentes. Fueron cinco minutos de plática que se han convertido ya en 55 años juntos.

Carlos Rodríguez, de 84 años de edad, y Angelina, de 78, se casaron un 25 de marzo de 1958 en el Este de Los Ángeles, a menos de un año de conocerse.

Ahora, el matrimonio Rodríguez dice que en aquel entonces se comprometieron porque sentían que ya se estaban quedando viejos. Sin embargo, enfatizan que para lograr que una pareja perdure, no solamente se necesita saber algunos secretos, sino aplicarlos una y otra vez.

La historia de amor de los mexicanos empezó en el centro de Los Ángeles, cuando ambos se conocieron en el Million Dollar, uno de los cines más antiguos del país, ubicado entre la calle Broadway y Tercera.

“Yo tenía algunos meses de haber llegado del estado de Zacatecas. Así que salí de mi casa a buscar empleo y me encontré con el trabajo más largo y laborioso de mi vida”, dice la señora Angelina riéndose, mientras voltea a ver al señor Carlos.

“Pero bien que te gustó, porque hasta ahorita no lo dejas”, le contesta Carlos con una sonrisa avergonzada.

Carlos, oriundo de Mexicali, Baja California, relata que al salir de ver la película, los dos cruzaron miradas en el pasillo y él se acercó a ella.

“Cuando vi a Angelina por primera vez, me pareció muy bonita. Me gustaron sus ojos grandes, su mirada inocente, su sonrisa tímida y su forma de ser. Entonces, le pedí el teléfono de su casa, pero ella me dio el teléfono de una esquina de su casa, de donde me dijo que hacía llamadas”, dice Carlos.

Sin embargo, el joven sabía que si no buscaba a Angelina, nunca la volvería a ver. Así que unos días después de conocerla, tomó su carro y, con las pocas señales que ella le dio sobre su dirección, encontró el teléfono público y luego la casa de la joven.

“No recuerdo cuántas puertas toqué, pero yo encontré su hogar y le fui a tocar la puerta para verla”, dice Carlos. “Como todo un caballero, me presenté con la familia de Angelina y le pedí permiso para cortejarla”.

Sorprendida por el comportamiento del joven, Angelina decidió darle una oportunidad y conocerlo como amigo. Dos meses después, se hicieron novios.

“Pues, yo me pregunté ‘y éste cómo le hizo para encontrarme’… Nunca creí que me buscaría, porque yo ni pensaba en novio”, dice Angelina.

Para Carlos, el cruzarse con Angelina fue una acción divina.

“Cuando Dios te pone en el camino de alguien, ya no hay escape. Antes de Angelina tuve una novia con la que duré más de cinco años, pero no pensé en casarme”, dice.

De ahí, otros cuatro meses transcurrieron hasta el día en que Carlos se dio cuenta de que Angelina era el ser que complementaría toda su vida.

“Me dije: ‘Pues mi novia es una mujer de familia, tiene buenos principios, no anda de coqueta’, y entonces decidí pedir su mano”, indica Carlos.