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De la Red al altar: “Amor 2.0”


EFE | 2/5/2013, 11:07 a.m.
De la Red al altar: “Amor 2.0”
María M. Sánchez conoció hace más de 5 años a su actual marido. En la imagen, durante su boda en Argentina. | EFE/ARCHIVO

Un ‘affaire’ virtual, un romance 2.0, un lío pasajero y cibernético, un amor de banda ancha o transoceánico. Alcira lleva más de diez años con su pareja. El mexicano Javier Rizzo viajó hasta Buenos Aires para conocer a su amor, hasta entonces platónico. Abundan las relaciones nacidas en la Red. Algunas tienen final feliz y otras terminan como empezaron, en el ciberespacio de la soledad.

No hace falta escatimar en gastos, porque casi no los hay. Los costos de la transacción en la fase de seducción, en el ciberespacio, son menores que cuando hay que recurrir al "tête à tête", un café conversado por aquí, un cine por allá… .

Como cita Antonio Martínez, oficial de comunicaciones y contenido digital, en el artículo “El amor en tiempos de…”: “Compartir nos sale más barato a la hora de tener una relación. La última persona con la que salí, la conocí en un antro pero me seguía en Twitter, había comentado acerca de mis blogs y así, no sólo intuí que le interesaba lo que escribía, sino que tenía (y tiene) una muy buena ortografía; en su avatar salía en una foto fingiendo comer una dona gigante y supuse (como lo fue) que le gustaba comer y comer bien. Todo eso sucedió sin salir de mi casa o gastar en interminables citas para conocernos (…)”.

¿SEXO O AMISTAD A SECAS?.

Rosa* (nombre ficticio), editora española de 33 años radicada en Santiago de Chile, se ha dedicado más a dejarse conquistar que a “atacar” en la Red. Para ello esperaba a que fueran los hombres quienes le escribieran; miraba si le interesaban o no por la descripción que ponían en sus perfiles, por su edad y su pinta. Consciente de que estos datos no eran más que información superficial de lo que de verdad había detrás, Rosa se metió en el juego de la seducción virtual en varias ocasiones.

“Lo primero era hacerles contestar un cuestionario bastante divertido que creé para medir su sentido el humor –algo básico para mí– y para ver cómo escribían, esencial para una editora, y también para descartar posibles psicópatas”, comparte con Efe, Rosa.

Si alguno llamaba su atención positivamente y sus faltas ortográficas no le ocasionaban desmayos, intercambiaba una serie de mensajes mucho antes de dejarse convencer para un posible encuentro cara a cara.

En su caso, la única “relación” más duradera (siempre en Internet) fue con un hombre al que conoció a través de una página de contactos (www.datingchile.cl). “Por “más duradera” me refiero a recibir muchas llamadas de él siempre, y varias invitaciones a cenar, esto hasta que se empeñó, como un loco psicópata, en que fuese a su casa “a ver una película” y corté de cuajo la comunicación porque no era alguien que me interesara para mantener relaciones sexuales”.

A la pregunta de si al conocer a la persona físicamente se cumplieron sus expectativas, la editora responde que se dio cuenta de que nada tenían que ver con las fotos de sus perfiles. “Esto me hacía desconfiar porque sentía que, de entrada, ya me habían mentido”.