Antonio Aguilar Jr.: “Mi padre era muy modesto”
Antonio Aguilar hijo revive la experiencia de su padre en Los Ángeles, donde este domingo se develará una estatua de bronce en su honor
Andrea Carrion | 9/13/2012, 6 a.m.
Llegó a Estados Unidos en un momento en el que los anglosajones, los afroamericanos y los latinos aún no podían tomar agua del mismo bebedero. Antonio Aguilar apenas tenía 15 años de edad y uno de sus principales refugios fue la Placita Olvera, cuyas bancas y propinas le dieron para dormir y comer.
Antonio Aguilar Jr., el primogénito de Don Antonio, recuerda que su padre solía pasear con la familia por las calles que rodean la Placita Olvera. Les contaba lo bueno, lo malo y lo feo que vivió en ella, pero siempre con nostalgia y gratitud.
“Mi padre amaba entrañablemente Los Ángeles, porque ahí padeció pero, sobre todo, vivió cosas bellas”, dice Aguilar Jr. desde México, durante una conversación telefónica con HOY. “En esa época él era un ilegal; pasó varias noches durmiendo en una banca de esa plaza y cantaba afuera de los restaurantes para que le pagaran con comida. Por eso, lo bello de esa estatua es que es una justicia poética”, agrega, refiriéndose a la escultura de bronce que se develará este domingo en su honor.
En febrero, el Concejo de la Ciudad de Los Ángeles aprobó un presupuesto para construir un monumento a Don Antonio Aguilar en una de las plazuelas de la tradicional Placita Olvera, ubicada en el centro de la ciudad. Tanto para Antonio hijo como para su madre Flor Silvestre y su hermano menor, Pepe Aguilar, se trata de un inmenso y bien merecido honor.
Antonio Aguilar pasó gran parte de sus 88 años en Los Ángeles. Cuando su economía mejoró gracias a un par de cabarets que en una época administró en Tijuana, el entonces empresario vivió en las famosas Sunset Towers, donde la actriz Greta Garbo también tuvo un departamento.
Antes de ser cantante, Aguilar coqueteó con la idea de ser aviador gracias a una beca que ganó en una escuela de Ohio. Incluso pasó tres años y medio como seminarista en México, barajando la idea de convertirse en sacerdote.
Pero la vida le ofreció otras opciones. Según Antonio Jr., el productor Gregorio Wallerstein le abrió las puertas al cine, y el primero que le dio la oportunidad para cantar fue Emilio Azcárraga Vidaurreta, abuelo del actual Emilio Azcárraga.
Estando en Los Ángeles, Aguilar pasó una temporada cantando en un coro de la iglesia del Sagrado Corazón en la Sunset. Y pocos creerían que pasó otra temporada estudiando ópera mientras vivió con un maestro llamado Andrés de Segurola.
“Mi papá era tenor lírico. Tenía un gran rango de voz”, comenta Antonio Jr. “Pero la ópera no es popular; por eso cambió a boleros y, eventualmente, a rancheras, cuando Rafael Hernández ‘El Jibarito’ lo estimuló a que probara otro género. A mi papá se le hacía que no era un estilo muy serio, pero cuando cantó por primera vez en Puerto Rico, le gustó, y a eso se dedicó”.
En Estados Unidos, Don Antonio Aguilar se presentó en decenas de ciudades, siempre logrando llenos totales. De esa manera le fue abriendo camino a miles de artistas y a la música regional mexicana.








