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Madonna: una veterana muy fresca


En su segundo show del Staples, la cantante reafirmó sus cualidades de superestrella

Sergio Burstein | 10/12/2012, 7:53 p.m.
Madonna: una veterana muy fresca
La intérprete estadounidense en medio de una de sus vibrantes canciones. | Art García

En sus primeros años de carrera, muchos la veían como un fenómeno efímero del pop al que le daban pocos años de vida. Sin embargo, tres décadas después de la edición de su primer sencillo, Madonna se ha convertido no sólo en una leyenda viva de la música contemporánea, sino en una figura artística que, en medio de la inevitable nostalgia que genera, intenta no depender nunca de ésta, ya que se encuentra siempre en busca de nuevas rutas creativas, en las que incluye el lanzamiento permanente de discos y canciones nuevas.

Ese es un lujo al que no nos tienen acostumbrados muchos de los músicos anglosajones de la viejo guardia, que sacan álbumes cada muerte de obispo y dependen fuertemente en sus conciertos eventuales de los éxitos del pasado. En cambio, desde el 2000, Madonna ha presentado ya cinco trabajos completos, de los 12 que conforman su discografía, y la faena que ofreció ayer por la noche en un repleto Staples Center (como parte de su segundo show en dos días en el mismo recinto) la encontró incorporando generosamente canciones recién horneadas.

Claro que esto no quiere decir que lo más nuevo sea lo mejor, aunque la determinación dependa de diversos criterios. Para algunos, “MDNA”, el disco que salió en marzo de este año, es un nuevo escalón de progreso en su experimentación con la música electrónica, mientras que, para otros, se trata de un título de ‘techno’ disforzado y vacío. Nosotros creemos que, como ha ocurrido en muchos momentos de su trayectoria, se trata de una obra llena de altas y bajas que refleja la esencia de su autora, una mujer desafiante y talentosa que no es un genio, pero que sí completamente capaz de alcanzar cumbres a veces sublimes.

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Art García

Su 'performance' resultó en todo momento impresionante

Curiosamente, la presentación del jueves fue por el mismo lado, aunque la sentimos bastante más estridente y populista que la que vimos en el mismo auditorio hace casi una década, cuando se encontraba metida en el ‘trip-hop’ y fabricaba un espectáculo de tinte particularmente fino y elegante. Pero nada de esto la ha llevado a despojarse de los impresionantes ropajes propios y escenográficos que saca siempre a relucir, como lo probó desde el primer minuto en el que se descorrió el telón, cuando el estrado entero parecía haberse convertido en una catedral en la que unos monjes misteriosos bamboleaban un inmenso sahumerio.

Y ése fue sólo el inicio de una actuación que, más que inscribirse en los términos de un concierto convencional, lucía como una combinación de musical, teatro y circo de acrobacias, creando sensaciones que hicieron extrañar el uso de elementos más orgánicos (de hecho, los instrumentistas casi no se pudieron ver, ubicados en la parte trasera y muchas escondidos tras elementos escenográficos), pero que dieron por otro lado cuenta de una vocación artística incuestionable.

Más que ser una cantante, Madonna es una ‘performer’ que, a sus 54 años de edad, es capaz de bailar intensamente y de usar su cuerpo de una manera altamente expresiva para revelar emociones intensas, aunque en esta ocasión lo haya hecho en desmedro de su manejo vocal, que llegó muchas veces -demasiadas, en verdad- cubierto por un ‘auto-tune’ innecesario (y ausente en las grabaciones originales).