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Una leyenda viva en un mundo animado

Matin Landau habló con HOY sobre su papel en “Frankenweenie”

Sergio Burstein | 10/5/2012, 7:17 p.m.
Una leyenda viva en un mundo animado
Landau (al medio) rodeado de Tim Burton, Winona Ryder, Charlie Tahan y la productora Allison Abbate. | Cortesía

Ha trabajado con Alfred Hitchcock, Joseph L. Mankiewicz, Francis Ford Coppola y Woody Allen. Pero su título de mayor importancia para nuestros fines es “Ed Wood” (1994), no sólo porque le dio su primer Oscar y su primer Globo de Oro como Actor de Reparto, sino porque lo encontró trabajando para Tim Burton, el excéntrico y celebrado cineasta que lo volvió a llamar hace poco para colocarle la voz a uno de los personajes de “Frankenweenie”, el largometraje animado que se estrena hoy en salas de todo el país-.

En el día de prensa del filme (basado en un cortometraje hecho por Burton sobre la base de la historia de un niño que resucita a su mascota a través de un fantasioso experimento científico), tuvimos la oportunidad de sostener una entrevista personal con Martin Landau, y durante su transcurso, gozamos de la presencia de un intérprete legendario que, a sus 84 años de edad, mantiene no sólo una vitalidad impresionante, sino que inserta permanentemente en su amena conversación actuaciones espontáneas que dan cuenta de su conocida habilidad para encarnar a personajes de todos los tipos y de todos los acentos.

Antes de esto, Ud. ya había trabajado dos veces con Burton, en “Ed Wood” y “Sleepy Hollow”; pero esta vez, se encontró solo en una cabina de grabación a su lado. ¿Cómo dirigió Tim algo como esto?

¡No lo hizo! Los buenos directores no dirigen mucho, sino que crean un campo de juego para los actores. Hay un viejo dicho que señala: “El 90 por ciento de dirigir se encuentra en tener al reparto correcto”, y es cierto; después de eso, hay que abrirle la puerta de la imaginación a los actores, lo que les permitirá aportar cosas que ni puedes imaginarte. Todos los grandes directores hacen eso, y no recuerdo haber sido específicamente dirigido por nadie en 30 años; Hitchcock no me dirigió, Mankiewicz no me dirigió y, ciertamente, Woody [Allen] no me dirigió, así como tampoco lo hace con nadie [risas]. Los buenos directores aprecian a los actores y crean un espacio adecuado para ellos. La audiencia no quiere ver algo ensayado, sino una situación que ante sus ojos parezca estar sucediendo por primera vez; es ahí donde se encuentran las buenas actuaciones.

Su personaje en “Frankenweenie”, Mr. Rzykruski, tiene un fuerte acento europeo; cuando Ud. hizo de Bela Lugosi en “Ed Wood”, era natural que llevara uno, porque el verdadero Lugosi era húngaro, ¿pero cuál era aquí el motivo?

El guión señalaba que no era húngaro, ni alemán, ni ruso, ni español; después de todos los “no”, decía “europeo”. OK, me dije; voy a hacer un dialecto genérico que suene medio eslavo, un poco ruso… Es una cuestión de sonidos, casi musical. Crecí en Brooklyn, donde todo los irlandeses hablan así [pone un acento muy nasal]: “Hey, Marty, quiero decirte algo”. Los italianos hablan distinto [pone un acento mucho más suave]: “Hazte un favor a ti mismo”…, del mismo modo que los puertorriqueños [imita una vez más]: “Muy bien”. Crecer en Nueva York es estar expuesto a tantas cosas diferentes. Yo era un chico al que le gustaba prestar atención a esas diferencias, y que tenía además amigos católicos, bautistas, de todas las religiones. Claro que esto es como un don; si puedes cantar, puedes, y si no, no.

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