Tiendas estudiantiles alimentan apetito por comidas alternativas
Los establecimientos tienen más autonomía que las cafeterías en lo que ofrecen a sus clientes
Los Angeles Times | 11/30/2012, 6 a.m.
En el menú de la cafetería del Centro de Aprendizaje Miguel Contreras había pequeñas hamburguesas de carne en pan de trigo integral, una taza de papas asadas, una manzana y leche de 1%.
En conjunto, las porciones ascendían a 730 calorías, por debajo de las 850 calorías recientemente implementadas para los almuerzos de las preparatorias.
Pero al salir de la cafetería se encuentra otra opción: la tienda estudiantil.
Con unos cuantos billetes arrugados y una sonrisa a la mujer que atiende, un estudiante de segundo año se marcha con un almuerzo alternativo: una bolsa de bolitas de queso; una botella de jugo de piña, durazno y mango; tres paquetes de Pop-Tarts de azúcar morena; y una barra de crema helada de fresa. Los alimentos equivalen a 1,200 calorías.
A diferencia de las cafeterías del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD), que son administradas por sus departamentos de servicios de alimentos, las más de 160 tiendas en las escuelas intermedias y preparatorias tienen mucha autonomía.
Para los estudiantes, las tiendas ofrecen una alternativa a la comida de la cafetería. Para las escuelas, las tiendas son algo muy necesario para sus recortados presupuestos. Las ganancias sirven para pagar los uniformes deportivos, los bailes escolares y las decoraciones de graduación.
Marisol Morataya es la reina de la tienda escolar en la escuela Miguel Contreras. Esta chica de 20 años comenzó a trabajar en la tienda estudiantil en su primer año de escuela y luego fue contratada como asistente administrativa, después de graduarse. “Dame dos pescaditos”, dice un niño.
Morataya ríe mientras le da dos bolsas de galletas saladas Gold-fish y su cambio.
Recientemente, Luke Shen, gerente financiero de la escuela, hacía los cálculos de las ventas. En lo que va del año, la tienda ha generado cerca de 7,300 dólares al mes en bebidas y snacks.
A pesar de la política que requiere que los bocadillos cumplan con los estándares de nutrición, las tiendas terminan vendiendo bocadillos como al azar, dijo David Binkle, director de servicios de alimentos del distrito.
“La gente no sabe las reglas”, dice Binkle. “Algunas tiendas estudiantiles van a Costco y compran lo que los niños comerán”.
Ante una avalancha de quejas de los estudiantes acerca de las nuevas opciones de alimentos saludables el año pasado, el LAUSD hizo unos cambios. En lugar de quinua, por ejemplo, volvieron las hamburguesas, aunque sin el queso.
Hasta ahora los cambios parecen estar dando sus frutos, dice Binkle, señalando que este año más estudiantes están comiendo en las cafeterías que en el pasado. El segundo distrito más grande de la nación sirve cerca de 650,000 comidas al día.
Pero para Amílcal Martínez, los cambios en la cafetería no son suficientes.
“La comida de la cafetería es mediocre”, afirma el estudiante de segundo año, mientras come de una bolsa de cereal Cinnamon Toast Crunch de 50 centavos de la tienda estudiantil.
Las tiendas estudiantiles no son la única manera de esquivar los requisitos nutritivos. Estudiantes astutos venden cosas prohibidas mientras que otros reciben comida rápida desde afuera del plantel.
Recientemente, en la preparatoria Roosevelt, un jugador de béisbol vendía Flamin’ Hot Cheetos por un dólar la bolsa, mientras que un grupo de jóvenes tenía a la mamá de un amigo que les traía comida de fuera de la escuela (un montón de tortillas fritas bañadas con queso derretido, crema agria y una porción de carne asada).
El distrito, por su parte, está tratando de comercializar sus opciones. Hace unas semanas, invitó a un grupo de estudiantes de escuela primaria y a sus padres a una comida -servida en vajilla-con el ex chef de la Casa Blanca Walter Scheib, tratando de convencer a los jóvenes de que las opciones saludables son buenas.
Antes de pedirle al grupo que prometiera evitar la comida chatarra y comer más saludablemente, Scheib reconoció lo difícil que puede ser.
“Es como dejar de fumar”, aseguró. “Es un proceso feo y brutal”.










