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Un ’milagro’ para dar gracias


Selene Rivera | 11/20/2012, 1:21 p.m.
Un ’milagro’ para dar gracias
Decenas de voluntarios alistan cada año la cena del Día de Acción de Gracias que ofrecen a personas necesitadas del área que llegan en busca de alimentos en esta fecha tradicional. | Cortesía

En un vecindario humilde del norte de Los Ángeles ocurre un milagro cada año. Se llama la fiesta de Acción de Gracias de la iglesia del Sagrado Corazón, en Lincoln Heights.

Este milagro no ve razas o edades, simplemente se manifiesta cuando alrededor de 1,000 personas reciben una cena y una despensa de comida gratuita, de un grupo de alrededor de 25 voluntarios que trabajan arduamente para conseguir estos alimentos.

Los beneficiados son personas humildes de la comunidad que buscan celebrar con sus familias y llevar a su casa algo para tener una noche como toda familia más afortunada económicamente, dice Robert Vega, feligrés de la iglesia que inició la tradición hace 7 años.

“La maravilla de la Cena de Acción de Gracias de nuestra comunidad es que la comida se multiplica”, indica Vega.

Unas semanas antes de que llegue ese día, Vega empieza a pedir a la comunidad durante las misas que contribuya con donaciones para realizar la cena.Pero muy pocos responden con un pavo o unas latas de comida.

“Quedan pocos días para la celebración y me empiezo a poner nervioso. Veo que no hemos recaudado mucho y que no va a alcanzar para proveer al mar de personas que llega en esa fecha”, dice el señor de 52 años de edad.

No obstante, el Día de Acción de Gracias aparece más gente con donaciones, mientras otros preguntan cómo pueden ayudar en la cocina, a darle la bienvenida a la gente, a servir los platos o darles su despensa, relata Vega.

“Aquí no contribuyen los que tienen dinero, sino los que son humildes. Le he pedido ayuda a varios negocios y hasta al gobierno local, pero nunca han respondido”, dice Vega, dueño de un taller de desmantelamiento.

Ver esa falta de atención especialmente días antes de tal fecha es triste y desalentador para Vega. No obstante, la felicidad y la esperanza vuelven al ver que los residentes del vecindario se acercan para dar lo poco que tienen.

“Una lata de comida, unas verduras o un pan que una persona dona con amor, se multiplica y eso lo vemos una y otra vez en esta iglesia. Asimismo, los voluntarios empiezan a llegar y contribuir con lo que pueden y eso hace la fiesta aun más bonita”, agrega.

Así sucede cada año en la iglesia del 2210 de la calle Sichel.

“Unos 10 días antes del Día de Acción de Gracias teníamos solo siete pavos”, dice Vega sonriendo. “Pocos días después, llegó el elote, las papas, el pan, el pavo y el camote para 1,000 personas”.

Organizar la fiesta es su forma de dar gracias por lo que tiene.

“Me gusta servir a la gente y verla feliz. Saber que tienen algo que comer y que hay gente afuera que se interesa por ellos”, dice.

Lo mismo opina Rosa Acuña, una voluntaria de la cocina.

“Llevo unos siete años en la cocina y hacer la comida me da mucha satisfacción. Los nervios por querer que todo mundo disfrute de un platillo son extremos, pero no son nada comparados cuando veo que nunca nadie se ha ido sin comer”, dice Acuña.

serivera@hoyllc.com