De mecánico a ‘diva’ de ‘Yo me llamo’
Rubén Cerros cambió las herramientas por un vestido, un micrófono, una peluca y hoy le da vida a Paquita la del Barrio
Javier Calle | 11/20/2012, 1:20 p.m.
“Comencé batallando en locales y la primera vez que lo hice tuve que pagarle a la encargada de un restaurante llamado El tejado que está en [las avenidas] Soto y Olympic en Los Ángeles. Lo hice porque venía a visitarme mi padre que quería verme cantar. Llegó con la idea de que vería a su hijo vestido de charro interpretando temas de Vicente Fernández, pero lo que vio en el escenario fue a Paquita [la del Barrio] cantando”, cuenta Rubén Cerros imitador de la popular intérprete mexicana.
“Se levantó de la mesa llorando muy decepcionado. No le gustó lo que vio. De hecho en Youtube tengo esos videos donde sale llorando. Pero yo igual le seguí, porque crítica siempre va a haber, lo hagas bien o lo hagas mal, pero yo voy a seguir adelante luchando por mi familia”, agrega el jalisciense en entrevista con HOY.
Cerros, es actualmente el flamante imitador de Paquita la del Barrio en el programa de la cadena Telemundo “Yo me llamo” y es uno de los firmes candidatos a llevarse el premio de los cien mil dólares. El haber llegado a ese escenario frente a millones de personas que cada domingo lo ven a través de la pantalla y bajo la calificación de Penélope Menchaca, Samia y Lupillo Rivera, no fue algo que le llegó de la noche a la mañana. Para eso tuvo que batallar desde hace 6 años con el hambre, la austeridad, el dolor de estar lejos de su familia y los riesgos de cruzar la frontera.
Cerros cuenta que hace seis años llegó a Los Ángeles y desde entonces tuvo que emplearse a fondo para conseguir trabajo y un lugar para dormir. Lo que más recuerda son los inviernos en los que tenía que salir a bañarse con agua fría porque donde le rentaban no había agua caliente y a veces no había luz, pero eso era lo de menos, había que salir a buscar trabajo.
“Pues lo que necesitaba era conseguir para comer y para la familia. Lo bueno es que me rentaban barato y así podía enviarles dinero a mi esposa y a mis hijos en México. Pero a veces no había y menos a quien pedirle prestado”, recuerda.
Cuenta que para que los días no se le hicieran tan largos, se acostaba muy temprano y salía a buscarse el pan de cada día y así reunir parte del dinero prestado que le dieron para poder venir a este país en busca del sueño americano.
Aunque su padre se hizo ciudadano americano hace muchos años, Rubén no tenía dinero para meter los papeles y es por ello que no podía tener un status migratorio que le permitiera trabajar legalmente en este país. Además cada vez que cruzaba la frontera lo hacía de manera ilegal y eso lo hacía más difícil. Cuenta que antes de quedarse definitivamente en Los Ángeles, ya lo había intentado seis veces y siempre lo devolvían, por lo que en varias ocasiones perdió el dinero invertido para que lo cruzaran por la frontera. SIGUE EN LA OTRA PAGINA.






