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Guerrero marcado por las pandillas

El activista y ex peleador de artes marciales ‘Blinky’ Rodríguez inició su pelea contra la violencia pandilleril cuando su hijo fue asesinado en 1990

Eduard Cauich | 11/1/2012, 3:45 p.m.
Guerrero marcado por las pandillas

En una pequeña oficina de North Hills en el Valle de San Fernando se puede encontrar a un hombre con mil historias.

La vida de William ‘Blinky’ Rodríguez se aprecia plasmada en las cuatro paredes de un cuarto en la calle Burnet del mismo valle, donde están localizadas las oficinas principales del programa Communities in Schools, que busca prevenir que los adolescentes integren pandillas al ayudarlos académicamente, y que ha sido reconocido internacionalmente.

Entre reconocimientos, galardones y afiches de carteleras de artes marciales, Rodríguez sigue trabajando como el primer día que se dedicó a combatir a las pandillas, una pelea que tomó de manera personal después de que su propio hijo, Sonny, fuera baleado fatalmente en 1990 a los 16 años de edad.

Desde ese entonces, Rodríguez ha viajado a la Casa Blanca y ha hablado ante las Naciones Unidas para contar su historia, de cómo perdonó al hombre que le disparó a su hijo desde un auto y de su trabajo combatiendo la violencia en Los Ángeles por más de dos décadas.

Rodríguez y la historia de su hijo han sido un instrumento para unir a las pandillas, pues fue el mismo ‘Blinky’ quien negoció un pacto en donde más de 75 de ellas, con un número superior a los 1,000 miembros, firmaron un tratado de paz en 1993, el cual redujo los homicidios pandilleriles en Los Ángeles de 52 a 2 un año después.

La otra mitad de la vida de ‘Blinky’ lo encontró combatiendo en peleas de artes marciales alrededor del mundo, junto a su esposa Lilly, una de las pioneras de las artes marciales en la rama femenil.

‘Blinky’ y Lilly fueron campeones del mundo durante 12 años de carrera, en los que viajaron por alrededor de 47 países.

Su historia de cinta negra en las artes marciales comenzó cuando tenía 12 años y conoció a Arnold Urquidez, un ex peleador de artes marciales, quien lo invitó a su gimnasio en Granada Hills.

“Mi mamá no podía pagar por las clases, pero un día Arnold me dijo: ‘Yo sé que no puedes pagar, pero puedes venir. Eso sí, cuando yo quiera una canción tú la vas a cantar, y cuando quiera escuchar un chiste tú me lo vas a decir’”, recuerda Rodríguez, de 58 años. “Además me dijo: ‘Quiero que laves los baños del lugar’”, recuerda Rodríguez al describir la propuesta aceptada para luego reconocer su agradecimiento hacia Urquidez.

“Fue una gran oportunidad para un niño que creció en una familia de nueve hijos y una madre soltera; la oportunidad que me dieron de ver el mundo”, agrega.

A los 16 años, Rodríguez se casó con Lilly, hermana de Arnold, quien entrenaba en el mismo gimnasio y era siete años mayor que él.

“Recuerdo que cuando la invité a salir la primera vez, me puso 25 centavos en la mano y me dijo: ‘Vete a comprar un helado’”, señala sonriendo el activista, quien terminó casándose con Lilly en 1971 y con la que procreó cinco hijos y una hija.

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