"No cambiaría un minuto"
Creció sin padre, casi muere en Irak, pero JR Martínez sigue como motivador
Andrea Carrion | 5/3/2012, 10:35 p.m.
Cuando alguien comete un error o tiene una carencia, hay quienes suelen bromear diciendo ‘Llegaste tarde a la repartición de cerebro o de talento’.
Siguiendo esta línea, podría decirse que JR Martínez llegó tardísimo a la repartición de vidas fáciles, aunque él no lo ve así.
Martínez, el mismo que el año pasado ganó la décimo tercera temporada del programa concurso de baile de ABC “Dancing With The Stars” (“Bailando con las estrellas”), nació en Luisiana en 1983 y se crió sólo con su madre pues a los nueve meses de edad, su padre se fue de la casa. También tenía dos hermanas, pero ellas vivían en El Salvador y una de ellas, Anabel, murió de niña sin apenas conocerla.
Crecer no fue ningún cuento de hadas para JR. Siendo niño, su madre, María Zavala, trabajó limpiando hoteles, cocinando comida mexicana y luego lo hizo en la pollera Tyson Foods cuando se mudaron a Arkansas. Finalmente trabajó en la industria de la alfombra cuando el destino los llevó a Georgia. En todo ese tiempo, José René, como fue bautizado, veló por sus propias responsabilidades, arreglándosela solo para ir a la escuela y preparándose su propia comida cuando llegaba a casa, pues encontraba a su madre rendida después de largas horas de trabajo.
En la secundaria JR soñaba con jugar futbol americano, pero una lesión frustró su ilusión. Luego se animó a unirse al ejército de los Estados Unidos. Se sentía orgulloso, quería servir a su país. En el 2003 fue enviado a Irak y no habiendo cumplido un mes en el frente, JR sufrió un terrible accidente al explotar una mina mientras manejaba una camioneta en Karbala.
Hoy, con 28 años de edad, JR afirma que no cambiaría ni un minuto de su vida. No cambiaría ni las 33 cirugías a las que debió someterse para sobrevivir ni el impacto que sufrió al ver lo que quedó de su rostro. Tanta adversidad no sólo le ha servido para asentar su carácter, sino también para decirle a otras personas que, sin importar lo que suceda, la vida continúa.
“Tal vez otra gente ve que mi vida fue difícil, pero yo no lo veo así”, comenta Martínez a ¡BRAVO! durante una entrevista telefónica. “Desde pequeño vi todo lo que pasó mi mamá y ella siempre sonriendo, aunque la vida no mereciera sus sonrisas. Eso se me grabó en la mente, siempre sonreír sin importar qué”, dice.
Uno de los golpes más duros para Martínez ha sido la ausente relación con su padre. Cuenta que a la fecha no ha tenido la oportunidad de conocerlo. Lo buscó cuando tenía 16 años de edad, pero apenas llegó a la casa de sus abuelos paternos, estos le dijeron que su padre había sido arrestado el día anterior. “Mi papá siempre anduvo por malos caminos, le gustaba tomar mucho… y no le gustaba trabajar”, recuerda.
Incluso en los 34 meses que Martínez pasó en rehabilitación luego del accidente de guerra, no recibió ni una llamada de él.







