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Migración, vínculos y pertenencia

Rubén Hernández León , Director del Centro de Estudios Mexicanos de UCLA | 3/27/2012, 7:47 p.m.
Migración, vínculos y pertenencia

Estos últimos días he estado pensando sobre la relación que existe entre la inmigración y los vínculos que ésta genera entre los inmigrantes y el país que los acoge. Entre más densos y duraderos los vínculos que un inmigrante tiene con el nuevo lugar en el que vive, mayor es el sentido de pertenencia a ese lugar o comunidad. Vamos por partes.

Aunque suene raro, la inmigración es una especie de anomalía. Lo señalo porque si bien el número de migrantes internacionales es alto (215 millones de personas), este número representa un porcentaje bajísimo del total de la población

mundial. Pero el asunto no es solamente una cuestión de números.

El mundo actual está constituido por países que funcionan como especies de contenedores. En cada contenedor habita la gente que es ciudadana de ese país. Los mexicanos viven en México; los salvadoreños residen en El Salvador; los guatemaltecos en Guatemala, y así sucesivamente. Y todos crecemos y somos educados para sentir que pertenecemos a tal o cual país. Hasta nos sentimos orgullosos de ellos (es lo que llamamos nacionalismo).

La migración internacional rompe con el esquema. De repente nos hallamos, no con uno o dos, sino con millones de mexicanos, salvadoreños y guatemaltecos que no están donde se supone que deben estar. Todos ellos están en un contenedor diferente al cual supuestamente pertenecen (al menos de origen): están ahora en Estados Unidos.

Ya sea que su presencia en ese otro contenedor esté autorizada o no, la realidad es que tal presencia genera una serie de vínculos con el nuevo lugar. Entre más tiempo pasa, mayores los vínculos. Es probable que el inmigrante nunca se sienta completamente identificado con el nuevo contenedor en el que está ubicado y que añore regresar a su lugar de origen.

Pero eso es secundario. Los vínculos jalan, mantienen, retienen. ¿Cuáles son ejemplos de esos vínculos que provocan que el inmigrante permanezca en un contenedor que no le corresponde? La familia. Los hijos que han nacido y crecido en otro país (en un contenedor diferente al de los padres inmigrantes) son y sienten que pertenecen a ese nuevo lugar.

El trabajo, la adquisición de propiedad, las amistades, la educación, las contribuciones a la seguridad social y una larga lista de etcéteras son ejemplo de vínculos y lazos que se van formando entre el inmigrante y ese lugar extraño en el que habita.

En síntesis, la inmigración, ese fenómeno anómalo del mundo moderno, genera otra serie de singularidades. Los que no “son de”, pero “están en”, desarrollan todo tipo de lazos que jalan, que atraen y que, para colmo de los colmos, empiezan a transformar su conciencia, haciéndolos sentir que son y pertenecen a un nuevo lugar.

Quienes abogan por deportaciones o repatriaciones masivas y sumarias de inmigrantes ignoran, o de plano se hacen patos,

sobre un hecho incontrovertible: sacar a los que están y llevan tiempo aquí equivale a destruir los vínculos y raíces que han echado en esta sociedad. Y ningún argumento, por benigno que parezca, puede ocultar esa realidad.

rubenhl@soc.ucla.edu