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Los retornados y los que los acompañan


Rubén Hernández León , Director del Centro de Estudios Mexicanos de UCLA | 3/27/2012, 7:53 p.m.
Los retornados y los que los acompañan

Hace unas semanas le escuche a un destacado especialista en migración el planteamiento de que no ha habido retorno masivo de mexicanos de Estados Unidos a su país de origen. Este académico también argumentaba que las políticas punitivas contra los inmigrantes no autorizados y la recesión económica más bien habían producido el efecto de “enjaular” a la gente en este lado de la frontera.

Pero estimaciones generadas a partir del Censo mexicano de población del 2010 apuntan en otra dirección. Según el Censo, un millón de personas regresaron al terruño entre 2005 y 2010. Claro, el cuestionario censal no nos aclara ni cómo ni por qué se regresaron.

Es probable que entre esa población fuera gente deportada junto con la que ya no pudo soportar la mala situación económica en Estados Unidos, la que ya no quiso lidiar con la separación familiar y demás.

Un dato interesante: ese millón de retornados que aparece en los registros censales de México se corresponde con un número similar de personas que ya no están en las encuestas y conteos de inmigrantes de Estados Unidos. Pero hay más.

A ese millón que apareció en el Censo mexicano se le suman más de medio millón de menores de 15 años nacidos en la Unión Americana, pero que ahora residen en tierras aztecas. ¿Quiénes son estos menores? Muy probablemente se trata de los hijos de inmigrantes mexicanos que retornaron entre 2005 y 2010. Algunos quizá fueron enviados con tíos o abuelos a México mientras pasa el temporal en Estados Unidos.

Hay algo que distingue a estos muchachos. Son migrantes, mas no retornados. Forman parte del gran flujo migratorio que existe entre los dos países, pero se han movido en dirección contraria: no de sur a norte, sino de norte a sur. Pero lo que en realidad los distingue es que son ciudadanos norteamericanos por nacimiento, mientras que el estado mexicano los reconoce como tales a través de su ley de la “no pérdida de la nacionalidad mexicana”. En términos jurídicos, son sujetos binacionales.

En suma, hubo un reflujo de más de millón y medio de personas de Estados Unidos a México que ha quedado registrado en el más reciente conteo de población. Ese reflujo tiene dos componentes básicos: uno de retornados y otro de menores que los acompañan y que vieron la luz en “el norte”.

Siempre han existido hijos de mexicanos que, habiendo nacido de este lado de la frontera, se fueron por una razón u otra a México. Pero nunca más de medio millón.

Ni tampoco ha habido un millón de mexicanos que regresan a casa en un lapso de cinco años. Lo que sigue son más bien preguntas: ¿Sigue el reflujo en cuestión? ¿Y si es así, hasta cuando durará y a qué niveles llegará? Si la mejora económica en Estados Unidos reactiva la mano de obra inmigrante (como yo lo anticipo), ¿qué dinámica tomará la re-emigración? Y sobre todo, ¿qué papel jugarán los cientos de miles de chicos y chicas binacionales que por ahora residen en México?

rubenhl@soc.ucla.edu