Padre dona riñón a su hijo y le salva la vida
Francisco Castro | 6/15/2012, 6 a.m.
Este fin de semana se celebra el Día del Padre, fecha en que generalmente se halaga al jefe de la familia. Pero en la casa de los Álvarez, todos los días se celebra a Jesús, el padre que hace dos años no titubeó para salvar la vida de su hijo Daniel.
Cuando Daniel tenía siete años, enfermó con lo que su familia pensaba se trataba de un simple catarro.
Pero a medida que el pequeño empeoraba, la familia lo llevó al hospital donde lo diagnosticaron con síndrome nefrótico, un mal donde los riñones dejan que se filtren proteínas dentro de la orina.
La familia desconoce si el niño, ahora de 11 años, nació con el problema o si este se desarrolló luego, pero Daniel fue puesto inmediatamente en diálisis, pues sus riñones seguían en deterioro.
Al mismo tiempo, el pequeño fue puesto en una lista de espera para un trasplante de riñón que solucionara a largo plazo su severa enfermedad.
“Nos decían que iba a tomar entre tres y cinco años para encontrar un donante y que iba a ser un cadáver”, recordó Jackie Pérez, la madre de Daniel.
Mientras tanto, toda la familia se hizo exámenes para determinar si podían ser donantes del órgano.
El único cuyo tejido, sangre y ADN eran completamente compatibles era el de Jesús, padre del chico, quien no dudó ni un momento para hacer lo que tenía que hacer.
“Es como un milagro que puede realizar uno o algo así para que el hijo siga con vida”, relató Jesús sobre su decisión de convertirse en donante de riñón de su hijo cuando el chico tenía nueve años..
“Es algo muy bonito. No muchas personas pueden ser [donantes]. Fue una bendición de Dios que yo lo pudiera hacer”, agregó.
Pero para la madre del niño y el resto de la familia, la decisión del michoacano de 40 años lo convirtió en una persona aún más admirable de la que ya era.
“Es el héroe de nuestra familia”, dijo Pérez viendo amorosamente a su esposo, quien durante la cirugía de seis horas y media temió no sólo por el pequeño, sino también por su pareja.
Sin embargo, Jesús dijo que nunca tuvo miedo y que lo único que le pasaba por la mente era prolongar la vida de su hijo.
“Uno hace lo que sea por sus hijos”, dijo este hombre, que trabaja como mensajero y que dedica sus tardes a ser entrenador de baloncesto, béisbol y softball para sus tres hijos. “Cualquier padre haría lo mismo por sus hijos si estuviera en las mismas circunstancias”.
“Es mi héroe”, dijo Daniel al ser preguntado sobre lo que pensaba de su padre. “Me salvó la vida. Estaba feliz de que él fuera mi donante. Tenía miedo, pero que fuera él me hacía sentir mejor”.
Hoy en día, tanto hijo como padre están bien de salud y la conexión entre ellos es más cercana que nunca.
Hasta el grado de que, luego del trasplante, a Daniel empezó a antojársele el chile, el café y otros alimentos que le gustan a su padre. Y al mismo tiempo, Jesús, quien tuvo que dejar las cervezas en preparación para la cirugía, tampoco ha vuelto a beber.






