Joven padre se salva de la deportación
Selene Rivera | 7/27/2012, 7:55 a.m.
Cuatro años después de ser detenido en una redada donde más de 100 personas fueron apresadas por la “migra”, Juan Luna recibió la noticia de que su deportación había sido suspendida.
El dictamen de su caso migratorio le permitió quedarse en el país para ver nacer a su hija Belén, quien afirma es el motor de su vida y el milagro por el cual Dios le concedió ese fallo judicial.
“Mi hija ha cambiado mi existencia. Ella es ahora la fuerza que me hace ser una persona más responsable, fuerte y luchadora”, dijo el joven de 23 años de edad. “Creo que ella es parte del porque permanezco aquí. Tengo que cuidarla y ser buen padre”, añadió.
Sin embargo, hace cuatro años el motor de Luna eran sus padres y sus hermanos.
“Mi familia es muy humilde y aunque querían que estudiara, yo decidí venirme a Estados Unidos para ayudar en la casa”, dijo el residente del Valle de San Fernando.
Una tarde del 7 de febrero de 2008, agentes de la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas llevó a cabo una redada en la fábrica Micro Solutions Enterprises, en Van Nuys. Ahí, Luna y alrededor de 130 compañeros de trabajo fueron detenidos e interrogados sobre su estatus migratorio.
“Yo estaba trabajando cuando escuché una voz que nos decía que fuéramos al pasillo principal. Ahí nos separaron en líneas; una para los enfermos, otra para los que eran legales en el país y otra para los que no teníamos papeles”, dijo Luna.
“Cuando empecé a ver que nos esposaban y que algunas de las compañeras de trabajo comenzaron a llorar, yo me puse muy triste y nervioso. Sentí que mi futuro sin trabajo y dinero se desmoronaba”, agregó.
Luego de permanecer dos días detenido en un centro migratorio y admitir a ICE que era indocumentado, Luna salió con una fianza de 1,500 dólares. Desde ese entonces, el joven empezó a ir a la Corte de Inmigración para pelear su caso.
“No fue nada fácil tener que salir del hogar a las audiencias y pensar que no iba a regresar a casa… Mucho menos cuando supe que mi novia estaba embarazada”, dijo quien trabajo ahora en un lavado de autos. “Había noches y días en que pensaba que no iba a poder ver a mi hija nacer, ni mucho menos que la iba poder cuidar”, indicó.
El caso de Luna es similar al de miles de inmigrantes que por miedo, presión o no saber sus derechos, admiten que son indocumentados ante los agentes de la ICE, cuando la agencia solamente sospecha de su estadía ilegal en el país, según la abogada Marta Canossa, quien llevó el caso del joven.
“En muchas de estas situaciones, la confesión del inmigrante es la misma prueba que la agencia de ICE le muestra a las cortes de inmigración para deportar a un individuo”, dijo la abogada.
Por este motivo, “las personas sin documentos deben pedir un abogado, no firmar ningún documento ni confesar su estadía ilegal en el país”, señaló la experta en inmigración.








