Familia oaxaqueña en el desamparo
Cinco hijos huérfanos y una esposa viuda son los que dejó Raúl López, el cocinero que fue asesinado en Sherman Oaks.
Soudi Jiménez | 7/13/2012, 6 a.m.
El cuerpo del cocinero mexicano Raúl López García ya se encuentra en San Dionisio, Oaxaca. Hace dos semanas, el hombre de 38 años fue asesinado en un restaurante de Sherman Oaks por malhechores que luego se dieron a la fuga. Esta semana, su cadáver fue trasladado a su pueblo natal, 16 años después de haber emigrado a Estados Unidos por un sueño que terminó en llanto y tristeza.
En 1996, López decidió emigrar. Dejó a su hijo Melecio, con apenas tres meses de vida, y a su esposa Guadalupe Gómez, para poder darles mejores oportunidades.
“Me llamaba y mandaba cartas”, relata Guadalupe. “Él me dijo: ‘Vas a traer al niño para que aprenda un poco de inglés’. Pero yo pensaba que no volvería a verlo”, añade.
López comenzó en la limpieza de un restaurante, para más tarde convertirse en cocinero. Trabajó con mucho esfuerzo para poder traerse a su familia en 2004.
“Cuando llegué me compró un tráiler y una moto de juguete, y también me llevaba al Griffith Park a montar caballos”, recuerda Melecio, el hijo mayor de 16 años. “Jugaba mucho conmigo”.
“Lupe”, como la llama su familia, procreó a cuatro hijos más: Erick (7 años), Celeste (6), Violeta (4) y Zaira (2).
“Era un buen padre. Les daba besos, abrazos y mucho cariño a los niños. Tenía mucha paciencia para jugar con ellos”, describe al padre de sus pequeños.
Ella se ha dedicado a cuidar a sus hijos. Su esposo ganaba el sustento para la familia con dos trabajos: uno en el restaurante The Town Inc. y otro en Hoagies & Wings, de Sherman Oaks.
“Yo lavo la ropa y les cocino a mis hijos”, cuenta Lupe, explicando que su rutina era llevar a sus hijos a la escuela para luego reecontrarse con López en la casa, ya que él trabajaba por la noche.
TRAGEDIA
El viernes 29 de junio, un compañero de trabajo de López llamó a Guadalupe para informarle de lo ocurrido a su esposo.
“Me llamaron con el celular de él [López] y me dijeron: ‘A tu esposo le dieron un balazo, sólo le dieron uno, tal vez mañana va a llegar o ahora mismo, no sabemos todavía’”, narra Guadalupe.
“Por ahorita no sé qué hacer, tengo muchas cosas en la cabeza”, manifesta la mujer, quien debe pagar una renta de 1,000 dólares mensuales. “La abuelita de los niños [Anatalia] dice que me los lleve a Oaxaca, pero allá me va a costar más”.
Los pequeños juegan y corren frente a la viuda, sin tener conciencia de lo que está pasando.
“Ahorita están calmados porque hay primos de visita, pero cuando se van preguntan cuándo va a llegar mi papá”, dice Melecio.
Los cuatro niños menores están enfrentando un impacto fisiológico. Unos no comen, otros muy poco, y lo que ingieren lo vomitan, agregó el adolescente.
“Tengo que ser un buen ejemplo para ellos. Ahora me toca nada más cuidar de mis hermanos”.
Luego de la tragedia, varios amigos se movilizaron con alcancías para recolectar donaciones que ayuden a sufragar los gastos, dada la falta de empleo de Lupe.






