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Cobertores San Marcos, una tradición mexicana


Los Angeles Times | 7/7/2012, 6 a.m.
Cobertores San Marcos, una tradición mexicana
José Barrón del Este de Los Ángeles junto a su cobertor San Marcos. | Los Angeles Times

Recorría los ‘swap meets’ y las ventas de garaje de todo el sur de California y Arizona. Otras personas también le ayudaban en la búsqueda.

Para el 2010, Valenzuela había coleccionado casi 400 San Marcos —con diseños de caballos, gatos, leopardos y todo tipo de flores.

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El comediante Felipe Esparza posa junto a su cobertor San Marcos.

Las mantuvo almacenadas en un remolque hasta que su marido la amenazó con llamar al show de televisión “Hoarders”.

Se puso a ver en internet y encontró decenas de peticiones de latinos en todo el país que clamaban por las cobijas:

Interesado seriamente, por favor, he estado buscando cobijas San Marcos desde hace mucho.

¿Alguien sabe dónde puedo comprar una en el área metropolitana de Atlanta o en la web?

Si usted tiene una entre sus manos, alégrese, porque una vez que se fueron, se fueron.

Hoy en día, Valenzuela tiene sólo alrededor de una docena. Al resto, nuevo y usado, lo vendió a través de Facebook, recaudando entre $40 y $120 por cada una.

EL ORIGEN DE LA TRADICION

Francisco Rivera dejó escapar una carcajada cuando escuchó recientemente la historia de Valenzuela. No estaba del todo sorprendido.

Su hermano, Jesús Rivera Franco, fue el creador de San Marcos hace 36 años. El hijo de un fabricante de sombreros, era un hombre diminuto de pelo blanco como la nieve y una gran barriga al momento de su muerte a los 91 años en el 2009.

Había comenzado haciendo sarapes a los 12 años en Aguascalientes, en el centro de México. A los 20, Jesús y su familia abrieron su propio negocio de bufandas, chales y mantas —unas a rayas coloridas muy populares en la década de 1930. Con el tiempo abrió su propia fábrica.

A mediados de 1970, comenzó a buscar la manera de crear un nuevo tipo de manta.

“Su sueño era llegar a una que durara, esa que a cada mexicano le encantara”, dijo Rivera, de 73 años.

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El concejal angelino Ed Reyes posa en su casa de Huntington Park con su cobija San Marcos

La encontró en un viaje a España: un cobertor cálido pero no demasiado pesado hecho de acrílico con un borde grueso e imágenes repetidas de ambos lados en colores invertidos.

Jesús regresó a México decidido a reproducirla. Le tomó cerca de cinco meses y más de 2,000 intentos. La llamó la manta San Marcos por su vecindario en Aguascalientes.

Tan pronto como llegó al mercado en México, fue todo un éxito. “Todo el mundo quería una”, dijo Rivera.

De repente, los trabajadores de Jesús estaban produciendo 300,000 al mes —en tamaño ’twin’, ’queen’ y ’king’, así como una versión para cuna. Los compradores se reunían en hoteles de categoría en la Ciudad de México para ver los últimos diseños de Jesús, creados por los artistas en España. Las primeras se vendieron por tan sólo $8.

Su éxito le cambió la cara a Aguascalientes. Jesún llegó a tener seis fábricas que empleaban a mas de 8,000 personas. Construyó centros comerciales, plazas de oficinas, viviendas, una escuela y un convento. Un camino en el extremo sur de la ciudad lleva su nombre.

Los mexicanos que vivían en los EE.UU. iban hasta Tijuana para comprar sus mantas al por mayor.