Joven saxofonista salvadoreño se reúne con su padre
Soudi Jiménez | 12/28/2012, 6 a.m.
El corazón le palpitaba fuerte a Andrés Trigueros. Llegó en el grupo de avanzada de la Banda El Salvador. Aunque su mente estaba enfocada en el Desfile de las Rosas como miembro de la Banda El Salvador, su anhelo mayor era encontrarse con su padre.
“Pensé que podía verlo allí, me bajé triste del bus cuando me di cuenta que no estaba”, manifestó Andrés al buscar a José Trigueros en el recibimiento que le dieron a la banda.
“Al día siguiente mientras acomodaba las cosas, me tocó la espalda. Sentí alegría al verlo, fue bastante emotivo. Vi a mi hermanita, de 5 años, ella estaba asustada porque no se acordaba de mí”, dijo el joven músico.
En el 2007, padre e hijo se vieron por última vez cuando Andrés participó en la primera banda de El Salvador en participar con su saxofón en el Desfile. Entretanto, José no puede salir del país al estar amparado en el programa Estatus de Protección Temporal (TPS).
“Fue una emoción hermosa, porque los recuerdos que tenía eran de aquel niño de 13 años y ahora hasta me pasa en estatura, es increíble como ha pasado el tiempo”, indicó el padre, quien llegó a Estados Unidos en octubre de 1997. En su país dejó a Andrés, con 3 años. l saber que el primogénito regresaba al desfile de Pasadena se convirtió en una inspiración.
“Hemos salido, me cocinó. Le celebramos el cumpleaños a su abuela Lidia y pasamos la Navidad juntosUna gran diferencia al primer viaje que parecía un cuartel, ahora han sido más flexibles, les han dado más libertad”, señaló el padre.
Andrés, de 18 años, realizó muchos sacrificios para poder integrar esta delegación salvadoreña. En la actualidad, estudia la preparatoria en Cojutepeque, Cuscatlán y es instructor en una academia de música.
“Hemos ensayado unas veces bajo el sol y otras bajo la lluvia. Habían muchas tareas y tuve que sacrificar horas de sueño, pero todo ha valido la pena, para representar a los salvadoreños y compartir con mi familia. Siento que esto fue un premio”, valoró
Del primer viaje, Andrés todavía guarda una billetera que su padre le regaló. De este nuevo encuentro, José ha pensado quedarse con uno de las chamarras del joven, que le permita recordarlo en su ausencia.
“Definitivamente dejará un vacío, pero esperamos en Dios que pronto podamos estar reunidos nuevamente. Nos enfrentaremos a la realidad, seremos fuertes”, concluye.
swjimenez@hoyllc.com










