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Lucha de un padre por sus hijas

El caso del salvadoreño Luis Ernesto Rodríguez representa los desafíos que enfrentan muchos padres deportados para reunirse con sus familias. Pero las circunstancias conspiraron contra él.

Los Angeles Times | 12/13/2012, 5:25 p.m.
Lucha de un padre por sus hijas
Luis Rodríguez observa el flujo de vehículos que se dirigen a los Estados Unidos a través de la frontera entre ese país y México en Tijuana. | Los Angeles Times

Luis Ernesto Rodríguez se sentó en la pequeña habitación, mirando la puerta de metal, esperando a sus niñas. Nataly, de 6, y Nancy de 4, eran sus únicas hijas, inseparables, con espeso pelo negro y sonrisas traviesas que hacían recordar a pequeñas sirenitas. No las había visto en dos años.

Se preguntaba si lo reconocerían. Había perdido 20 libras durante el largo viaje.

Su respuesta llegó cuando la puerta se abrió y las niñas entraron a la habitación, gritando y riendo como las recordaba en 2008. Pero sus sonrisas se desvanecieron cuando vieron la gruesa pared de plexiglás que las separaba de su padre, vestido en un traje naranja de presidiario. No habrían abrazos ni besos.

Las niñas presionaron sus palmas contra la barrera. Rodríguez hizo lo mismo. Su hija mayor le mostró cómo formar un corazón con sus manos. Rodríguez hizo lo mismo.

“Ten paciencia”, dijo Rodríguez a través del teléfono. “Te prometo que estaré con ustedes de nuevo”.

Dos años antes

Nancy y Nataly sintieron la última caricia de su padre antes del amanecer en su apartamento del sur de Los Ángeles. Ellas dormían. Él las besó y luego fue en busca de trabajo a la entrada de una tienda Home Depot.

Fue allí, en noviembre de 2008, cuando la policía lo detuvo, ya que se parecía a la descripción de un hombre que había robado tres anillos de oro a una mujer.

La policía se había equivocado. No le presentaron cargos, pero Rodríguez no iba a volver a casa.

Era un inmigrante de El Salvador con un pasado turbulento, que tenía una orden de deportación desde 1991. Estuvo dos meses en la cárcel.

Nancy y Nataly, sin familiares que pudieran hacerse cargo de ellas, se unieron a los miles de niños en todo el país que están ahora bajo custodia de las agencias de protección infantil luego de que sus padres indocumentados fueron deportados. Cerca de 5,000 de estos niños están en el limbo en todo el país, alrededor de 1,000 de ellos en el Condado de Los Ángeles.

Algunos se quedan aquí. Otros siguen a sus padres deportados, si convencen a las autoridades que pueden darles un hogar estable.

Cuando los padres lo logran, los trabajadores sociales llevan a los niños hasta algún aeropuerto para la reunificación, generalmente en México y El Salvador. Pero a veces los padres no lo logran. Los niños sufren en hogares de crianza o acaban siendo adoptados. Algunos nunca vuelven a ver a sus padres biológicos.

Para enero de 2009, Rodríguez ya estaba en un vuelo a San Salvador, deportado a un país que había dejado en su adolescencia.

“Mis hijas son mi familia”, recordó. “Estar lejos de ellas me estaba destrozando”.

Esos sentimientos no eran nuevos para Rodríguez. Las había perdido durante 13 meses en el 2006, cuando trabajadores sociales se las quitaron del sucio y casi vacío apartamento en que vivía. Padre soltero luego de que su esposa fuera deportada, él era un consumidor de cocaína.

Él recuperó la custodia después de 13 meses de clases para padres y pruebas de drogas e inspecciones. Al llegar a El Salvador, Rodríguez empezó a vender quesadillas en una fábrica textil y comenzó el trabajo para recuperar a sus niñas. Se puso en contacto con su abogado en Los Ángeles. Le tomaron pruebas de uso de drogas. Asistió a clases para padres. Llamaba a sus hijas con regularidad, guardando los recibos de teléfono de las llamadas.