Jenni, sonríenos desde el cielo
Durante el tiempo que he ejercido mi profesión de periodista y publicista, nunca me había sido tan difícil iniciar un texto, un escrito o una carta abierta.
Yanalté Galván Kent/Publicista de Jenni Rivera por 7 años | 12/13/2012, 10:22 p.m.
Cuando el editor de esta publicación me llamó para ofrecerme un espacio, me dijo: “Escribe lo que sientas, de tu corazón, escribe lo que realmente te hubiese gustado decirle” y añadió: “Será tu catarsis’.
Lo dudé al principio. Porque es una asignación nada fácil cuando hay tantos sentimientos encontrados y las emociones vienen y van como las olas al mar adentro hasta lo más profundo del océano. Poner los sentimientos al descubierto es un desafío, pero tú, Jenni, y yo nos caracterizamos por eso: nos gustan los desafíos.
Desde que se supo la noticia, productores y periodistas empezaron a llamar a casa el domingo muy temprano. Sentí distintas emociones. Pensé que se trataba de una de tus travesuras, de una polémica publicitaria. Pero todo cambió al escuchar a Juan tu hermano, queriendo aparentar cordura, tenso, con la voz entrecortada diciéndome: “Es cierto, pero hasta que no nos confirmen hay que tener fe”.
Me invadió entonces una angustia infinita. Me acordé de tu pícara sonrisa de a millón, de tu risa contagiosa, de tu irreverencia frente a las cosas serias, de cómo nos divertíamos en los aviones, de cómo me amenazabas cuando me quería fumar un cigarrillo. De nuestras peleas, nuestros disgustos, de nuestros encuentros y desencuentros, de nuestros secretos compartidos y nuestras complicidades.
Todo me pasó como en una película ante mis ojos y le pedí a Dios que todo lo que aparecía en televisión fuera solo una pesadilla. Recordé el día en que nos vimos en las oficinas de Javier Martínez, quien fungía como tu manager y me preguntaste: “Tú ¿me puedes hacer famosa?”...Y te respondí: “Te lo prometo”…Y te lo cumplí, como tú cumpliste todos tus sueños: cantarle a multitudes, comprarle una casa a tus hijos y darles lo mejor, tener tu propia línea de cosméticos, convertirte en empresaria, ser la número uno, convertirte en líder de las mujeres para que no se dejen y no sean sometidas y humilladas por los hombres. Y lo lograste. Quizás no estuve de acuerdo con los procedimientos y los escándalos, pero al final te saliste con la tuya.
No obstante, con tus obras altruístas lograste enternecerme. ¡Cómo luchamos por Emmanuel, ese pequeño que nos robó el corazón, de quien te convertiste en su heroína! ¡Tantos enfermos terminales que ayudaste a morir en paz con tu sola presencia! Lloramos tantas veces juntas por el dolor ajeno.
Pero también lloramos de alegría con tu nominación al Grammy. ¡Si la gente supiera cuántos sacrificios para llegar hasta ahí! ‘Homenaje a las Grandes’ fue el álbum que te dio la internacionalización y muchas experiencias y satisfacciones. Empezamos a viajar y estábamos más tiempo en un avión que en casa. ¡Cómo extrañábamos a nuestros hijos aún pequeños! Recuerdo una vez en el D.F. afuera del periódico Esto, donde tenías una sesión fotográfica, te pusiste a llorar por tu pequeño emperador Johnny y yo me hice la fuerte ante ti y te regañé y te dije: “Querías ser famosa ¿no? Ahora te aguantas”…Me tuve que voltear para que no me vieras llorar a mí también y te confieso que a escondidas yo también lloraba por los míos.










