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Entre la música y la polémica


La vida artística y la privada de Jenni Rivera resultaron casi inseparables

SERGIO BURSTEIN | 12/13/2012, 4:01 p.m.
Entre la música y la polémica
Durante su último concierto angelino, en septiembre de 2012 en el Gibson Amphitheatre de Los Ángeles. | Cortesía

Parece casi imposible hablar de la trayectoria de la “Diva de la Banda” sin mencionar que cada paso exitoso que dio en su carrera vino acompañado de un dolor particular, lo que termina por convertirla en una suerte de figura trágica cuyo destino aparentemente fatal acentúa incluso más su carácter mítico.

Y es que, en medio de sus incuestionables triunfos comerciales, la vida de Dolores Janney Rivera Saavedra (su verdadero nombre) estuvo marcada por momentos dramáticos y hasta trágicos que resultan absolutamente dignos de película.

En ese sentido, la etapa más apacible de su existencia parece ser la de su infancia, transcurrida en la ciudad californiana de Long Beach, donde nació poco después de que sus padres, Pedro y Rosa, se mudaran desde su nativo México (él nació en Jalisco y ella en Sonora).

La tranquilidad no le duró mucho, porque a los 15 años, cuando todavía era una estudiante de la secundaria, ya había salido embarazada, lo que provocó un distanciamiento de sus padres.

Lo sucedido no le impidió concluir una carrera universitaria de Administración de Empresas que nunca ejerció oficialmente, pero que según todos los indicios la ayudó a desarrollar su propia trayectoria artística.

Tras concluir sus estudios, se casó con José Trinidad Marín, el padre de sus hijas Janney y Jacqueline y de su hijo Michael; pero la aparente estabilidad familiar no mejoró las cosas, porque años después se descubrió que su propio marido había abusado sexualmente de Janney y de Rosie, la hermana de Jenni, lo que constituyó sin duda uno de los periodos más oscuros y dolorosos de su existencia.

Jenni, que cantaba desde pequeña en los mercados pero lo tomaba como un ‘hobby’ (trabajó inicialmente en bienes raíces), empezó a incursionar profesionalmente en la música cuando tenía 24 años, aunque el éxito no le llegó de manera inmediata, ya que sus tres primeros álbumes pasaron desapercibidos.

Tuvo que esperar hasta el tercero, “Que me entierren con la banda” (2000), plenamente distinguido por el espíritu regional que la distinguiría hasta el final y por su trabajo como compositora, para comenzar a disfrutar de las mieles de la fama que ya tenía su hermano Lupillo.

Es válido señalar aquí que esta buena fortuna en los terrenos musicales fue la que le permitió librarse muchas veces de los fantasmas del pasado y de errores propios y ajenos, que seguirían de todos modos saliendo continuamente a la luz: su segundo matrimonio, establecido al lado de Juan Manuel López en 1997, estuvo marcado por acusaciones de infidelidad, violencia doméstica y presunto tráfico de drogas por parte de López, que condujeron pronto a un nuevo divorcio; y los escándalos posteriores la vieron arrestada en Carolina del Norte por golpear a un fan (2008), plasmada en un video erótico lanzado sin su consentimiento (2008), detenida en el aeropuerto de Ciudad de México por no declarar un monto de dinero superior a los 50 mil dólares (2009), enfrentada a las acusaciones de violación de una menor contra su hijo Michael (2010) y hasta enfrentada a un tumor en el seno izquierdo que le fue extirpado con éxito (2011), pero que pareció ser el preludio de los malestares en una rodilla que la aquejaron en los últimos meses.