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Rubén Cerros, del escenario a la realidad

El imitador de Paquita y ganador de ‘Yo me llamo’, vuelve a casa cargado de sueños, aplausos y satisfacciones

Tommy Calle | 12/6/2012, 3:41 p.m.
Rubén Cerros, del escenario a la realidad
Rubén sigue en busca del sueño americano y el haber ganado la competencia le permitirá traer a su familia para vivir tranquilo sin perder la humildad. | Andrea Carrion

Rubén Cerros dice estar muy contento, pero a la vez confiesa que se siente cansado. Fueron tres meses luciendo tacones, vestido, maquillaje y peluca para darle vida a la popular cantante Paquita la del Barrio cada fin de semana.

Tras una ardua competencia donde se midió con profesionales y amateurs de la imitación, Cerros logró ganar el premio de los cien mil dólares que otorgaba el programa “Yo me llamo” de la cadena Telemundo. Pero no fue sólo dinero lo que ganó en esta oportunidad. Cerros también se llevó el reconocimiento de los jueces Lupillo Rivera, Samia y Penélope Menchaca, y el corazón de las miles de personas que votaron por él para darle el triunfo.

Su participación en el programa de imitaciones, cuya final se realizó el pasado domingo, le demostró que los sueños se cumplen cuando se tiene fe. Y hoy, cuando las luces y las cámaras se han apagado, Cerros ha tenido que regresar a su realidad.

Hoy, este humilde inmigrante mexicano ya se encuentra en Los Ángeles; llegó esta semana. Dice sonriente que aún no ha recibido el dinero del premio por cuestiones administrativas y legales. Por esa razón, ha tenido que regresar a trabajar al taller de reparación de autos donde sus amigos, sus compañeros y su jefe lo han estado esperando, pues cada domingo disfrutaban al verlo a través de la pantalla de televisión. “Y era muy emocionante verlo, pues la gente me llamaba para hablarme de él y eso me hacía sentir orgulloso”, comenta Salvador Félix, propietario del taller Félix AutoBody Shop, en el este de Los Ángeles.

En casa y entre amigos

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Andrea Carrion

Rubén posa con su cheque simbólico al lado de sus compañeros del taller.

Rubén se ve muy relajado. Conversa con sus colegas en la puerta del taller y algunos de ellos lo graban con sus celulares, mientras este les narra su experiencia en la competencia.

Comparte con ellos que unos de los vestidos, de los tres que lució la noche de la gran final, se lo prestó la mismísima Paquita, a quien conoció en México gracias a que la producción del programa lo llevó al DF para que compartiera con la famosa intérprete de “Pobre pistolita” y “Rata de dos patas”.

En el interior del taller se puede percibir un fuerte olor a pintura. Un ambiente al que Rubén se tuvo que acostumbrar desde que llegó ahí hace seis años, ya que además de trabajar en ese lugar, también estuvo rentando un pequeño tráiler al fondo del taller, donde tenía su cama y donde el baño tenía que ser compartido.

Pero ya no vive ahí. Cuenta que días antes de participar en el casting que hizo “Yo me llamo” en Los Ángeles, ya se había mudado a otro tráiler más pequeño cerca del taller, donde apenas entran una cama, un televisor y una estufa que le sirve como soporte de su equipo de sonido, un aparato de DVD, unas cuantas películas piratas y una imagen de la Virgen de Guadalupe, a quien se encomienda y le da gracias cada noche por todo lo que ha recibido en el día y por lo que recibirá al día siguiente. SIGUE EN LA PRÓXIMA PÁGINA

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