Maestro dedicado
Selene Rivera | 8/9/2012, 11:35 a.m.
A los 88 años de edad, el paso de Jesús Dosal Reyes es lento, su figura es curvada y su oído es menos agudo. Sin embargo, se levanta muy temprano y toma el autobús que lo lleva a dar el mensaje del "dar sin recibir”.
“Válgame”, dice Reyes, “¿que si me gusta impartir clases de inglés?... Por supuesto; si no haces lo que el corazón te dicta, eres una persona fracasada”, sostiene el veterano.
El oriundo de Chihuahua, México, lleva casi 50 años como maestro de inglés y civismo en el Este de Los Ángeles, y aproximadamente 20 de esos años lo ha hecho como voluntario en el Parque Rubén F. Salazar, ubicado en la esquina del boulevard Whittier y la avenida Ditman.
Sin titubear y solamente viviendo del dinero de una modesta pensión que recibe, el hombre se levanta tres días a la semana a las 6:00 de la mañana, prepara las hojas de vocabulario que va a distribuir en la clase y se monta al vehículo de transporte público.
Una vez en el aula, se cerciora de acomodar los asientos, de tener el café preparado y, si es el caso, hasta el pan dulce que hay algunas veces.
“Enseñar es una parte importante de mi vida. No quiero estar de ocioso en mi casa; definitivamente, mucha gente tiene el deseo de aprender”, sostiene Reyes.
“Durante las vacaciones, los grupos son muy pequeños, porque los adultos se van de viaje con los hijos. Sin embargo, en época de escuela, el salón está complemente lleno”, dice al ver su clase de 10 estudiantes.
El reducido número de alumnos no le impide continuar con su voluntariado. Señala que nadie lo espera en su hogar, por lo que prefiere que la gente aproveche sus conocimientos.
“Yo les digo a mis estudiantes: ‘Aquí no se viene a tomar café, se viene a aprender, porque estamos en Estados Unidos’”, agrega sonriendo, mientras sus alumnos lo escuchan.
Para muchos inmigrantes, la falta de conocimiento del inglés es un impedimento para adaptarse mejor a la sociedad americana. Por eso, Reyes considera que es vital continuar con la noble misión que ha emprendido.
El señor se mudó de su natal Chihuahua a El Paso, Texas, en 1960. En poco tiempo, el inmigrante ingresó al ejército estadounidense, aprendió inglés y se convirtió en residente y luego ciudadano.
En menos de cinco años, Reyes se mudó a Los Ángeles y empezó a ayudarle a un pastor de una iglesia evangelista a dar clases de inglés y civismo. Fue entonces cuando, al mismo tiempo que ayudaba en las clases, el Departamento de Servicios de Inmigración y Ciudadanía le dio trabajo como traductor de los exámenes de naturalización que los residentes hacían en persona.
“Trabajé así durante un poco más de 30 años, hasta que conocí a una señora que me comentó que en el Parque Salazar se necesitaba a un voluntario de inglés como Segundo Lenguaje (ESL). Y pues le dije que sí”, indica.
A las clases de martes, jueves y viernes llegan adolescentes, adultos y ancianos de todo el este de la ciudad y áreas vecinas que sostienen que, a pesar de su edad, la energía del profesor es imparable.
“El maestro le tiene amor a lo que hace y su dinamismo en muy bueno. Nos tiene paciencia, nos explica muy bien y nunca falta”, dice Argentina Cuadra, una de sus estudiantes.
Y es que las clases, que empiezan a las 9 de la mañana y terminan al medio día, pueden continuar más tarde si los alumnos se quieren quedar a las clases de civismo.
“En mi casa nadie me espera y yo quiero hacer algo positivo por la comunidad aunque no me paguen, porque soy feliz al ver a los estudiantes aprender y superarse”, agrega Reyes.
Para él, el compartir lo que sabe no es empleo, sino un deseo de ayudar. un mensaje del voluntariado por medio de la acción
“No planeo parar hasta que el cuerpo me detenga”, concluye sin dudarlo. antes de continuar sus clases de civismo.









